Muestras de esto han sobrado.
Desde el lado del gobierno, por ejemplo, el Presidente del Consejo de Ministros
César Villanueva, empezó su gestión lanzando, el día que asumió el puesto, un
twit criticando lo que muchos fujimoristas llaman “ideología de género”, desmarcándose, así, del discurso que se
había sostenido en el gobierno anterior. Más adelante, en el discurso que daría
para pedir la confianza del Congreso, también le daría una venia al
fujimorismo, sumándose al discurso de crítica que desde ese lado del parlamento
hacían de los “antis”.
Ese mismo día, además, el
premier saludó con evidente calor a Moisés Mamani, el congresista cuyos audios
precipitaron la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski. Un gesto que ningún político
podría esperar que pase desapercibido.
Desde la cima del gobierno,
tampoco han faltado los gestos. Como se recuerda, poco después de haberse mudado
a Palacio de gobierno, Martín Vizcarra promulgó una ley orientada al
fortalecimiento de la Contraloría que había sido observada por Kuczynski.
Por el lado de la oposición,
la actitud también ha sido muy distinta a la que se registró durante el mandato
de Kuczynski. Keiko Fujimori, la lideresa de Fuerza Popular que demoró meses en
saludar el comienzo del gobierno de PPK, ha asegurado que Vizcarra ha empezado
su gobierno “con pie derecho”,
deferencia que no le guardó al expresidente. Por su parte, congresistas que se
habían caracterizado por su dureza contra el gobierno, como Héctor Becerril,
pasaron a decir que hoy el gobierno les “da
ilusión” y que “será del pueblo”.
Así las cosas, si la nueva “paz” que hoy vivimos entre el
Ejecutivo y el Legislativo se sustentara en una legítima intención de sacar
adelante al país, sería mezquino cuestionarla. No obstante, considerando el
comportamiento de ambas partes, parece que esta tranquilidad llega como
consecuencia de un gobierno interesado en mantener apaciguada a la oposición y
de una oposición que, siempre y cuando el gobierno se comporte a su gusto,
evitará retornar a las prácticas que antaño ejecutaba.
Solo queda esperar que el
presidente Vizcarra recuerde que el puesto lo tiene gracias a haber pertenecido
a la fórmula de Pedro Pablo Kuczynski en las elecciones y por haber respaldado
un plan de gobierno específico. Si bien no se le pide que caiga en los errores
garrafales de su predecesor, sí se le exige que sea fiel al voto ciudadano que
lo puso donde está y no, por conveniencia o pacto, sumirnos en un régimen
fujivizcarrista que nadie eligió.

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