"Nunca me había pasado algo así..."
Hay gente
que anda por los 40 años y ni se acuerda de la última vez que vio a Perú en una
Copa del Mundo. Por eso un país está agitado, tembloroso, emocionado.
Indignado, también, por el caso Guerrero. "Cuando
nos clasificamos se me vino a la cabeza la imagen de mi viejo, Alberto. Él
siempre creyó en mí", cuenta Gareca, el héroe de una página
inolvidable, algo así como un Quijote que se atrevió contra un destino de
postergaciones. Confiesa que cree en aquello de las energías, y cabulero al fin
como tantos entrenadores, mantiene en la muñeca derecha esa pulsera roja que le
regaló un hincha antes del repechaje con NuevaZelanda.
¿En algún
lado te has sentido más querido que en Perú?
No, bueno., me está tocando vivir una
situación inédita porque todo lo que ha ocurrido despertó una gran ilusión a
nivel país. La gente es muy agradecida. Pasaron tantos años sin participar de
un Mundial. Quizá tanto afecto se deba a la trascendencia de trabajar en una
selección, aquí la repercusión es a nivel nacional. Bueno, algo así nunca me ha
tocado. Después, sí, hay lugares donde también me he sentido muy querido, como
en Vélez, en Talleres. Pero aquí hay un país detrás.
Vive en el limeño barrio de
Miraflores. Sale poco, tiene una muy recortada vida pública. Apenas, alguna visita
a un restaurante con sus colaboradores o cuado lo visita Gladys, su compañera
de toda la vida. Anda por los 60 años Gareca y extraña los afectos, claro. Sus
hijos, Milton, el mayor, ayudante de campo de la 8va de Vélez, y el menor,
Robertino, preparador físico en los infantiles del club. Y a sus nietos, a
Felicitas y Benjamín. El abuelo Gareca es un hombre sensible que siente
gratitud por Perú, el país que creyó en él después de su desteñido paso por
Palmeiras. Con olfato, obviamente, ese intangible tan natural en los
goleadores, Gareca apostó por Perú y ya lleva casi tres años. Antes, desestimó
dirigir a la selección de Costa Rica, pese a que había sido la sensación del
Mundial 2014. Era Perú, sentía que era Perú.
Tantas
historias de grandes goleadores tienen un comienzo similar. Sí, Gareca también
fue arquero. En la infancia, claro, en el club Juvencia de su Tapiales natal.
Pero si se trata de hombres de área, un apellido aparece en la charla.
Paolo Guerrero... "No, no, nunca, nunca dudé con
él, es el capitán y sigue manteniendo la capitanía. No consumió nada prohibido.
No tiene antecedentes, jamás dio indicios de nada. Es un hombre muy importante
para todos nosotros. Paolo es un referente del pueblo peruano", destacaba
Gareca cuando ni se imaginaba que el TAS ampliaría de 6 a 14 meses la sanción
por doping hasta dejar al goleador sin Mundial. Conocida la noticia, el
entrenador acompañó el malestar de la Federación peruana y la angustia de toda
una nación, aun en shock. "Paolo es un jugador sensacional, un ídolo, pero
la historia continúa y hay que representar al país de la mejor manera. Vamos a
estar preparados para la exigencia máxima y todos los inconvenientes que se
presenten los vamos a solucionar", alentó. Guerrero había vuelto a jugar
en Flamengo el 7 de mayo y Gareca ya lo proyectaba para los próximos amistosos
frente a Escocia, Arabia Saudita y Suecia.
Perú tenía
sólo 4 puntos después de las primeras 6 fechas de las eliminatorias. Derrotas
con Colombia, Chile, Brasil, Uruguay... ¿Creías en ese sprint de 12 puntos en
las seis fechas finales?
El comienzo
no fue bueno, pero las eliminatorias son como un campeonato. A veces el
comienzo puede ser complicado, pero lo importante es la mirada global. Siempre
tuve esperanza y confianza en que el equipo podría ir consolidándose sobre la
competencia. Perdimos muchos partidos que no debíamos haberlos perdido. Al
principio tuvimos que transitar por una situación difícil. Pero ahora ya
estamos en otra etapa, la de los ajustes finales en la lista, ya sin Paolo. Es
una instancia delicada, porque hay que tratar de acertar para elegir lo mejor.

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