“Muy
rápidamente el Congreso,
en particular la mayoría keikista, ha volitilizado la mejora de su imagen ante
la opinión pública”.
(ElComercio) Las durísimas palabras de monseñor Pedro Barreto, obispo de Huancayo y próximo cardenal del Perú, marcan, sin duda, un nuevo rumbo de un sector de la Iglesia Católica, pero, más importante aún, reflejan el sentir de una parte significativa de la opinión pública.
(ElComercio) Las durísimas palabras de monseñor Pedro Barreto, obispo de Huancayo y próximo cardenal del Perú, marcan, sin duda, un nuevo rumbo de un sector de la Iglesia Católica, pero, más importante aún, reflejan el sentir de una parte significativa de la opinión pública.
“El Congreso de la
República –con algunas excepciones, lógicamente– está de espaldas a la realidad
del Perú. Y estar de espaldas a la realidad del Perú significa corrupción, una
corrupción que definitivamente no debemos aceptar porque es un poder del
Estado”, dijo Barreto el miércoles pasado, casi simultáneamente con la
ceremonia en la que el presidente del Congreso, Luis
Galarreta, condecoraba, en un publicitado evento, al cardenal Juan Luis
Cipriani, quien, como es obvio, no concuerda con la opinión de su colega (“Correo”,
31/5/2018).
En verdad,
el Congreso ha hecho méritos en el último tiempo para ganarse
epítetos tan fuertes. Las destempladas declaraciones de Galarreta contra
medios de comunicación y periodistas han empeorado la situación, provocando no
solo un rechazo masivo de organizaciones nacionales e internacionales y de los
medios, sino incentivando al periodismo a investigar y destacar los posibles
errores, dispendios y casos de corrupción que se encuentren en el
Parlamento.
Es
sorprendente que un político recorrido y experimentado como Galarreta se
haya dejado llevar por la ira y reaccionado con un berrinche como el que tuvo
cuando amenazó con la ley Mulder, que prohíbe publicidad estatal en los medios,
como represalia a informaciones sobre los gastos excesivos del Congreso.
Quedó claro que el propósito de la ley no es cautelar los dineros del Estado,
sino una revancha contra los medios que algunos políticos consideran
adversarios suyos.
Peor
todavía, en lugar de reconocer su equivocación, Galarreta se ha
reafirmado y añadido insultos groseros contra uno de sus críticos, Augusto
Álvarez Rodrich, presidente del Instituto de Prensa y Sociedad y periodista de
reconocida trayectoria.
Es
impresionante cómo los congresistas viven el mismo síndrome que padecía el
gobierno de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) –y varios gobiernos– de habitar en una
burbuja aislada de la realidad. Cuando el gobierno de Martín Vizcarra,
aduciendo el peligro de un déficit fiscal preocupante, pregona una política de
austeridad y realiza un duro ajuste que implica aumento de impuestos, alzas de
precios y despidos de trabajadores estatales, el Congreso realiza
gastos que suenan ofensivos a los ciudadanos de a pie que han recibido el
golpe.
Las
compras de televisores, frigobares, rosas importadas, iPads, computadoras de
más de diez mil dólares, en este contexto son, sin duda, irritantes. Pudieron
haber retrocedido –de hecho lo hicieron con las computadoras–, o hacer
propósito de enmienda prometiendo que en el futuro serán más cuidadosos con sus
gastos, en línea con la austeridad reclamada por el gobierno. Y aguantar a pie
firme las críticas, esperando que Paolo Guerrero, la selección y los conflictos
sociales oculten sus desatinos.
Pero
reaccionaron con brusquedad y grosería, sin recordar que existe una muy
difundida animadversión a los políticos y en particular a los congresistas,
que hace que informaciones como las mencionadas caigan en terreno abonado.
Precisamente a eso hizo alusión también monseñor Barreto: “Prácticamente viven
del Estado, no quieren soltar la ‘mamadera’, es algo incomprensible las
decisiones que quieren tomar”.
Mucho más
importante que las adquisiciones superfluas ha sido la negativa de la mayoría
del Congreso a aprobar la ley que coloca a las cooperativas de
ahorro y crédito bajo la supervisión de la Superintendencia de Banca y Seguros.
Ese sí es un problema muy grave, dado que se sabe que muchas de esas
cooperativas son usadas para blanquear dinero del narcotráfico y el crimen
organizado, como instrumentos de bandas delictivas como la de Rodolfo Orellana
o como mecanismo para estafar a incautos.
En suma,
muy rápidamente el Congreso, en particular la mayoría keikista, ha
volatilizado la mejora de su imagen ante la opinión pública, que progresó
considerablemente cuando cambió su actitud de cerrado enfrentamiento al
gobierno de PPK por una de respaldo y apoyo al nuevo presidente Martín
Vizcarra.
Incomprensiblemente,
Keiko Fujimori defendió las impopulares adquisiciones del Congreso,
habiendo podido guardar silencio. Y ha enmudecido ante un tema realmente
significativo como el de las cooperativas. Los yerros del Congreso le
van a costar a ella también.
El
gobierno de Martín Vizcarra, que tiene como soporte principal a la mayoría
keikista, queda también en una posición incómoda, tratando de no disgustar ni
mortificar a nadie, pero sin despertar el entusiasmo de ninguno.


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