AL MAESTRO CON CARIÑO


El título de este artículo se refiere a una extraordinaria película inglesa cuyo actor Sidney Poitier interpreta a un profesor de una escuela secundaria poblada por una juventud violenta, pero que con paciencia logra cambiar sus estilos de vida convirtiéndolos en seres humanos útiles a la sociedad. Emotiva es la escena final cuando baila, en la fiesta de graduación, con una de sus alumnas, y todos le agradecen por haber logrado el cambio de sus conductas.  Y por qué esta referencia. Es que ayer celebramos el Día del Maestro.
 Se trata de un  acto simbólico que expresa, en buena cuenta, el reconocimiento que le hacen, no sólo sus alumnos, sino la población en general a hombres y mujeres que entregan lo mejor de sus conocimientos y fortalezas para hacer de los niños y jóvenes de hoy, mejores ciudadanos del mañana.
Ser profesor en el Perú, decía el maestro Ricardo Dolorier, es una forma muy peligrosa de vivir y una forma muy hermosa de morir.  Y lo fue, en realidad, durante siglos, debido a que la motivación  esencial de un maestro ha sido su vocación de servicio y de entrega por la educación en el país.  Más que un salario que, al paso del tiempo, fue perdiendo su dignidad, el maestro ha buscado siempre realizarse en valores a través de sus alumnos a quienes los suele considerar verdaderos discípulos.
El maestro es un verdadero factor de desarrollo, aunque no siempre la sociedad ha terminado valorando, como debiera ser, su rol social como gestor y elemento dinamizador de cambios. De él hemos dependido desde el silabeo de las primeras palabras y hemos conocido, a través de él, el verdadero rostro del país, sea en las grandes o pequeñas ciudades urbanas, o en aquellos poblados dispersos y lejanos de nuestra serranía o nuestras comunidades amazónicas, muy cerca de las fronteras del territorio nacional.
Mucho de lo que somos les debemos a ellos, desde la inicial paciencia que nos tuvieron en los primeros grados, hasta los conocimientos y valores que nos supieron transmitir después, herramientas éstas que nos sirven en la  vida como guías de existencia.
El mejor homenaje que podemos tributarles es de reclamar, para ellos, una mejor atención a sus demandas permanentes, sea en el nivel académico y formativo, promoviendo cursos y talleres de actualización, o en sus  reivindicaciones salariales de modo que puedan percibir  ingresos reales y merecidos. Es deber no solo de las autoridades educativas, sino de la sociedad en su conjunto reflexionar sobre la real situación del maestro peruano.
Es lícito, entonces, preguntarnos, ¿qué se está haciendo por el maestro en el Perú? ¿Cuánto se está haciendo? ¿Los esfuerzos que las autoridades realizan para atender a los maestros tienen resultados? El problema es complejo, sin duda, pero no por ello tenemos que tomar distancia de su solución. El compromiso con el magisterio tiene que involucrarnos a todos, autoridades o no, políticos o no, ejecutivos o no.
Recordemos el valioso rol que cumple el maestro en la sociedad. De él depende, en mucho, los niveles de desarrollo alcanzados en la sociedad contemporánea. Entonces, los peruanos debemos honrarlos donde quiera que  ejerzan su labor, porque lo hacen con dignidad.
 Nos sumamos pues a los reconocimientos al Maestro en el Perú. Un saludo especial a Paolita, mi hija, quien también celebra por todo lo alto su día. Felicidades maestros forjadores de la juventud.

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