Una cinta
con la frase "peligro no pase" bordeaba un costado del edificio, en
el este de la ciudad.
Debido a que
el consulado no prestó servicio este lunes, varios forcejeaban para leer una
pequeña pizarra que enumera los pasos para obtener el documento, anunciado
el 8 de abril por el presidente chileno, Sebastián Piñera.
"No
empujen, todos somos venezolanos", gritó alguien en medio de la
aglomeración de unas 400 personas, controlada por una docena de policías.
Los alcances
del requisito -impuesto por Piñera para "poner orden" a la creciente
migración venezolana- no están claros para Leipzig Mijares, administrador con
varios posgrados que llevaba año y medio preparando su partida.
"Quienes
tenemos pasajes a Chile para esta semana estamos en un limbo", dijo
angustiado Mijares, de 44 años, que llegó muy temprano a la sede diplomática buscando luces sobre la llamada visa de
"responsabilidad democrática".
"Sabemos
que venía una ley migratoria porque en Chile la migración ha sido desordenada,
pero no nos da tiempo de tramitarla antes del viaje", añadió el hombre,
que tiene boletos para viajar el viernes junto con su primo Jesús Mijares.
Diáspora sin freno
La pizarra los remitía a la
web de la cancillería chilena y a sus redes sociales, pues
el trámite debe realizarse en línea.
Una situación similar se
presentó en el consulado de la ciudad de Puerto Ordaz (sur), que tampoco abrió
sus puertas, según reportes de prensa.
En la página del
ministerio de Relaciones Exteriores se
aclara que el visado de "responsabilidad democrática" es para quienes
deseen residir en Chile, quedando exentos los venezolanos que quieran ingresar
para hacer turismo.
Con una hiperinflación
que treparía a 13.000% este año según el FMI y escasez de alimentos y
medicinas, miles han optado por irse.
Tomás Páez, sociólogo
experto en migración, aseguró a la AFP que entre 400.000 y 500.000 venezolanos
salieron en los dos últimos años, mientras que desde la llegada de Hugo Chávez
(1999-2013) al poder emigraron unos 2,2 millones.
El flujo hacia el país austral
es creciente. De
8.001 migrantes en 2014 se pasó a 84.586 en 2017, según el
ministerio de Interior chileno.
La diáspora podría seguir
creciendo, pues 34,7% de los cerca de 30 millones de venezolanos considera
irse, de acuerdo con la encuestadora Datanálisis.
Maduro reconoció en febrero
pasado que en Venezuela "hay una migración" forzada, pero la atribuyó
a una "guerra económica" para provocar su caída.
La visa anunciada por Piñera
frente a la "crisis democrática" venezolana tendrá
vigencia de un año, prorrogable por una vez, y posibilitará luego pedir la
residencia definitiva.
Esta exigencia se suma al
visado que impuso en octubre pasado Panamá, uno de los principales destinos de
la migración venezolana.
Estamos siendo excluidos
Jesús
Mijares, quien vendió su carro y varios electrodomésticos para
costear el pasaje a Santiago -cada vez más caro y escaso-, cree que el visado
es una traba más para quienes como él ya tenían los documentos exigidos por
Chile.
"Ahora con esta visa no
sabemos si vamos a viajar porque no queremos entrar al país de forma
ilegal", dijo, al remarcar su urgencia por emigrar: "tengo dos hijas
y no puedo comprarles ni un helado".
La legislación actual -cuya
reforma anunció Piñera- permitía a quienes ingresaran como turistas pedir
residencia temporal o definitiva.
Para Johana Carrillo, de 38
años, y su esposo Eduardo Faría, de 36, quedarse en Venezuela no es una opción.
Ambos son empleados públicos y apenas ganan para "medio comer",
dicen.
"Tenemos dos niñas de
tres y cinco años. La mayor tiene una afección renal. Aquí no podemos tratarla,
no hay medicamentos", asegura Carrillo.
"Lo que arranca como
una medida de apoyo termina siendo algo complejo. No están siendo solidarios,
estamos siendo excluidos", se quejó Leipzig.

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