A diez meses del primer 'palazo', el terreno del futuro nosocomio del MINSA es un desierto de tiza y desidia. El contraste entre la urgencia sanitaria y la realidad de la obra es un insulto a la dignidad ferreñafana.
Por:
REDACCIÓN PERIODÍSTICA
Hay una forma
particular de crueldad administrativa que consiste en vender esperanza para
luego pavimentarla con indiferencia. Lo que ocurre en Ferreñafe no es un
retraso; es una radiografía del fracaso institucional. A solo dos meses de
conmemorarse el primer aniversario del rimbombante inicio de obras del nuevo
hospital MINSA, las imágenes que nos llegan no muestran progreso, muestran un
cementerio de ilusiones.
Las tomas
fotográficas son el testimonio irrefutable del "nada". Al primer
vistazo, el lente nos ofrece montículos de tierra que parecen más un paisaje
lunar que un sitio de construcción de salud de alta complejidad (Ver Imágenes
). Es el monumento al desmonte. Allí, donde la retórica oficial prometía
quirófanos y camas, hoy solo hay polvo y rocas.
Es en la
inspección detallada donde la farsa cobra su forma más grotesca. Se nos
informa, con indignación justificada, que el "avance" se reduce a la
demarcación del área donde teóricamente se edificará el primer bloque. Y
efectivamente, al observar las fotografías, el terreno está profusamente
decorado con líneas de cal blanca, pulcros rectángulos sobre el polvo. Es un
laberinto de tiza que delimita la nada absoluta.
Hay algo
patético en una de las imágenes: tres operarios y una carretilla solitaria en
medio de hectáreas de líneas de cal. No hay grúas, no hay estructuras de fierro
levantándose, no hay el estruendo del concreto siendo vertido. Hay silencio y
trazos de tiza que parecen más un juego de "rayuela" burocrática que
el plan maestro de un hospital. Esos tres hombres, con sus cascos protectores,
parecen guardianes de un dibujo, no constructores de un futuro. El perímetro de
cal es el contorno de una promesa vacía.
Mientras tanto,
al fondo de las imágenes, la ciudad de Ferreñafe observa. Se ven las
construcciones precarias de los alrededores y, más allá, el horizonte urbano
que sigue esperando. Esperando mientras la cal se borra con el viento y la
indignación de los ciudadanos crece.
¿Qué se ha
hecho en estos diez meses además de dibujar sobre la tierra? La respuesta,
objetiva y dolorosa, es que no se ha levantado ni un solo muro. El contraste
entre la supuesta "prioridad" de la salud y esta parálisis es un
insulto. Ferreñafe no necesita tiza sobre el polvo; necesita ladrillos, fierro,
equipamiento y dignidad.
Estas fotos no son un registro de avance, son la prueba de una estafa en curso.







