“Los
fiscales peruanos a cargo de Lava Jato al parecer no han investigado seriamente
el caso del gasoducto del sur”.
En ese momento no
había manera de comprobar las fundadas sospechas sobre la cuestión. Hoy día, a
la luz de las nuevas informaciones reveladas por el periodista ecuatoriano
Andersson Boscán, todo indica que, en efecto, se pagaron varios millones de
dólares para conseguir que se adjudique la obra a la empresa brasileña que
presentó una oferta por más de siete mil trescientos millones de dólares. El
representante del consorcio perdedor, Alejandro Segret, dijo en ese momento que
“hubiésemos sido ganador si no
hubiéramos sido descalificados en forma que podríamos calificar de irregular”, porque
su oferta era US$136 millones menor (El Comercio, 30/6/14).
Los fiscales
peruanos a cargo de Lava Jato al parecer no han investigado
seriamente el caso del gasoducto del sur porque no habían
descubierto nada hasta que, inesperadamente, surgió la información que alguien
había copiado de los servidores de Odebrecht y que, según
Boscán, la empresa había tratado de borrar para ocultar sus delitos. La misma
empresa reformada que hoy colabora plenamente con la justicia, según dicen los
héroes de la coalición vizcarrista.
Ahora los fiscales,
y la prensa que los secunda, pretenden presentar el asunto como una graciosa
cooperación de Odebrecht, cuando es obvio que no les ha quedado
otra alternativa luego de que se revelaran los pagos provenientes de la caja 2.
El tema más
importante es, sin embargo, que el contrato del gasoducto incluye
una cláusula anticorrupción. Si el gobierno y la fiscalía la invocan, la
empresa no podría seguir reclamando los US$2.000 millones que exige ahora por
lo que avanzó en la construcción (El Comercio, 11/7/19). Pero no es seguro que
eso ocurra. El comportamiento complaciente que han mostrado hasta ahora
con Odebrecht lleva a suponer que quizá pasen por alto el
hecho de que la empresa y sus funcionarios mintieron.
Una de las razones
por las que se sospechaba que los fiscales y el gobierno no incluyeron ninguna
obra del período de gobierno de Ollanta Humala y Nadine
Heredia en el convenio que suscribieron, es que estos son parte
importante de la coalición vizcarrista. Pero ahora, muy a su pesar, tendrán que
hacer las preguntas elementales. Por ejemplo ¿quién es la misteriosa “Princesa” que recibió US$900.000 por el gasoducto? ¿Quiénes son “Magali” y
“French” que se embolsaron US$450.000 y US$500.000 respectivamente?
En el mismo sentido,
las declaraciones de Leo Pinheiro, jefe de OAS, son devastadoras.
Él ha dicho que, en mayo del 2014, lo llamó Nadine Heredia a
Palacio y –a solas con él– le preguntó si le estaban pagando coimas al ministro
de Transportes Carlos Paredes y “que si
hubiera un pago ilegal se suspendiera y que lo viera directamente con ella”.
Pinheiro la remitió al jefe de OAS en el Perú porque “no tengo conocimiento de
los valores [o montos]”, dijo (El Comercio, 11/7/19).
Después de esta
conversación, Paredes fue despedido fulminantemente del Ministerio de
Transportes, en junio del 2014. La hipótesis es clara: el ministro acusado de
haber recibido US$17 millones en coimas del ‘club de la construcción’, del cual formaba parte OAS, no le
entregó su parte a Heredia –o no toda su parte–, y cuando ella
se enteró lo echaron. Y a partir de ese momento, ella tomó en sus manos el
asunto.
Entre las grandes
obras que realizó OAS durante el gobierno de Humala está el Centro de
Convenciones –más de quinientos millones de soles– que se adjudicó sin
licitación. Allí, “la directora nacional
del proyecto fue Rocío Barrios Alvarado, actual ministra de la Producción. Por
entonces, Barrios era directora general de Administración del Ministerio de
Vivienda” (El Comercio, 11/7/19).
Esa funcionaria es
una de las varias provenientes del humalismo que se han incorporado al actual
gobierno.
En síntesis, uno de
los soportes claves de la coalición vizcarrista, el humalismo, está quedando en
evidencia como una de las ramas podridas del árbol Lava Jato.
La pregunta es: ¿Cuántos de los héroes de esa coalición,
cual caballeros andantes, acudirán en ayuda de su princesa en peligro? O,
como viles villanos, la abandonarán a su suerte.
Por: Fernando Rospigliosi

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