Pero el curso de la vida nos plantea ahora una situación distinta a la de esa época. Nuestros jóvenes han caído en una espiral autodestructiva empujados por la tecnología, que los anula por completo usando la inteligencia artificial y el consumismo para convertir a cada ser humano en una copia del vecino. Lo estandarizan así para manipularlo fácilmente a través de conductas inventadas e impuestas por influencers que se sienten dueños del mundo.
Los jóvenes y niños de este tiempo han perdido velozmente la capacidad de pensar y de escribir. Tampoco suman ni restan y ni siquiera comprenden como se hace para prender un fósforo. Si nos detenemos a mirar un poco ya todos se visten idéntico, todos se peinan idéntico, todos responden idéntico y se han convertido en robots, pero de los que son de imitación, no son los metálicos ni resistentes, son remedos que se rinden al primer golpe de la vida y huyen ante la primera dificultad que se les presenta.
Y la generación
de adultos los ha destruido. Para evitarse problemas diarios en el hogar el
remedio más sencillo es darles un celular o una Tablet al niño para que se
entretenga y no moleste; y no quieren que molesten a los padres porque ellos
también estan en el celular, revisando la película corta que te envían desde
una maquinaria de edición que los tiene hipnotizados. Asi que los niños no son
los culpables sino sus padres.
Pero la humanidad que se niega a morir, ha descubierto que tiene una reserva que la puede proteger del diluvio final. Tiene a los viejos. A los de canas y varios dolores. A los que sufren diabetes, cáncer y todas las enfermedades sociales/económicas que causan diariamente la muerte a cientos de miles de personas gracias a una maquinaria clínico financiera que ha encontrado el modo de asaltarte por la calle y vaciarte los bolsillos sin utilizar un revolver ni un cuchillo sino empleando un ecógrafo u otro aparato de esos que te leen el futuro con imágenes y que ahora, a través de la amenaza contra ti te sacan también todos los ahorros que guardaba la familia.
Pero ya nos
dimos cuenta. Y los encargados de sostener a la humanidad pasan a ser ahora los
adultos mayores. Los que no han olvidado sumar ni restar. Los que todavía
escriben correctamente su nombre. Los que pueden ganarle una partida de ajedrez
al extraterrestre que los desafíe. En suma, los que pueden corregir a la
Inteligencia Artificial cuando procesa mal los datos generando el error que nos
lleva al precipicio y a la tumba.
Por esa razón el universo se dio vuelta. El riesgo de los jóvenes para desaparecer como víctimas del apagón tecnológico es mucho mayor que el riesgo de los adultos mayores que han superado sus reumatismos y sus mareos y están ahora mejorados, perfectos para salir al frente de cualquier marciano o venusino que venga por nuestras tierras, asi llegue disfrazado de un nuevo redentor o un presidente perverso. Los jóvenes caen en la tumba. Los viejos reinician la obra.

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