Con 158 millones y algo más de electores y un enorme territorio plagado de riquezas, Brasil se ha constituido en una pieza fundamental para la disputa por el planeta, que mantienen en primer lugar Estados Unidos y China.
El proceso electoral
desarrollado el domingo en esas tierra resultó ser un ejemplo de cómo el
Sistema si puede funcionar siempre y cuando los actores gocen de la confianza
de la ciudadanía en general. No interesa si venció Lula o si podía hacerlo
Bolsonaro. Lo fundamental es que, sin que termine el día, el avance del cómputo
llegaba casi al 100 por ciento y nadie ponía en duda los resultados.
Imagine usted lector si los
organismos electorales de nuestro amado país le ofrecen así los resultados en
la misma noche del acto electoral. Pues nadie les creería y es más, hasta uno
de los tres entes electorales bien podría poner en duda el informe del otro,
tal como ocurrió en abril pasado.
En cambio Brasil, en donde
el voto también es obligatorio, según algunos informantes muy serios que
estuvieron ese dia en dicho país, el acto electoral era un compromiso muy serio
y por los grupos de Telegram, Whastapp o cualquier otra red, los ciudadanos
impulsaban a todos para que acudan a votar.
Desconozco cuál sistema
emplean para conformar las mesas de sufragio pero basta con saber que todos los
brasileros QUERIAN votar para entender que la obligación de estar presentes y
preparados para la gran tarea fue motivo suficiente para que todo salga bien.
Al que lo no le saldrán bien
las cosas es a nuestro Perú. La penetración brasileña en la Amazonía es
conocida y no encuentra quien se oponga.
No ingresan con armas.
Ingresan lentamente con invasión pacífica que aprovecha el descuido estatal y
enamora con servicios a los lugareños induciéndolos a recibir condiciones de
vida mucho más estables y precisamente alli, adonde no llega ni existe el Perú.
El deseo Brasileño mira a
las costas del Pacifico para solucionar su futuro en la relación con los países
de Oriente sin necesidad de navegar por el Atlántico.
Tener costas en los dos
océanos siempre esta a unos cuantos pasos de distancia. Y ahora que al señor
Trump se le ha ocurrido crear su Escudo de las Américas para presuntamente
librarnos de lo que el mismo sembró por años, pues ahora se encuentra a un
Brasil que puede hablarle de pico a pico y sin necesidad de tanta genuflexión y
alfombra roja.
Los gigantes de América
tienen un pleito dentro de casa ajena. Y por acá adentro, nos estamos peleando
entre partidos muy partidos sin darnos cuenta de que solamente un frente unido
podrá ayudarnos a crecer realmente, fortaleciendo los negocios que interesan a
los empresarios y obreros y no la verborrea parlamentaria que es una jaula más grande
de loros y papagayos entusiasmados únicamente en exhibir sus plumajes.
Madurez frente al hermano
mayor de América del Sur. Ya es tiempo de superar las taras peruanas del siglo
anterior. Y abrazar al primer hombre, echarnos a andar. ¡Cómo te adelantaste
César Vallejo!

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