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| Fuente: CNN |
Al final del debate sobre si el
dinero puede comprar la felicidad, que se llevó a cabo en el Intelligence
Squared Asia, la audiencia estaba dividida: el 49%
estaba de acuerdo y el 49% estaba en desacuerdo. El 2% restante estaba
indeciso.
Pero cuando se trata de viajar,
hay una sola y obvia premisa ganadora: viajar nos hace felices a todos.
Como planificadora de viajes de
lujo, pensé que era bastante obvio: viajar nos hace felices, pero uno necesita
dinero para comprar experiencias de viaje maravillosas e inspiradoras. Por lo
tanto, el dinero puede comprar la felicidad.
Me inspiró la invitación que este
año me hicieron para participar en una conferencia en PURE Life Experiences y les pregunté a los oradores:
¿viajar los hace felices? ¿En qué lugares han sido más felices o más infelices?
(Las respuestas las encontrarán más abajo).
Vivimos ahora en una ‘sociedad de
sueño’, me dijeron los organizadores de PURE Life Experiences en un correo
electrónico, en la que “contrario a la adquisición de masivos productos
turísticos, la creación de felicidad a través de viajes atractivos nunca se
basa en el conocimiento por anticipado de cada detalle”.
El turismo vivencial tiene que
ver con presentarle al cliente la sorpresa de lo “desconocido”, el lujo de
“decisiones inesperadas” y el empoderamiento de “obstáculos superables” (como
escalar una cumbre), para que sienta que ha completado una “travesía hacia la
autorrealización”.
Viajar nos hace felices porque
promete un autodescubrimiento o descubrimiento personal necesario para alcanzar
la cima de lo que Abraham Maslow llamó la jerarquía de las
necesidades humanas. Antes de él, Carl Jung lo llamó individuación.
Pero, ¿quién necesita gastar
horas en un aburrido sofá y toneladas de dinero en el consultorio del
psicoanalista, si puede usar ese tiempo y esa plata en un viaje mucho más
placentero, aprendiendo por ejemplo a jugar polo en una estancia argentina?
Cambie
su pregunta, señor agente de viajes
Creo que el filósofo y escritor
Alain de Botton dio en el clavo cuando escribió: “Sería más sensato que los
agentes de viajes nos preguntaran qué esperamos cambiar de nuestras vidas y no
simplemente a dónde queremos ir”.
Viajar nos hace felices porque
nos ofrece la oportunidad de salirnos de nuestra trillada y plebeya realidad, y
nos provee una plataforma para explorar y practicar nuestras visiones ideales
de nosotros mismos, quiénes seríamos si no estuviéramos casados con nuestros
miedos y ansiedades sobre la protección, la seguridad y el estatus.
No puedo estar más de acuerdo.
Fundé una empresa de planificación de viajes de lujo basada en esas mismas
ideas, poco después de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos. Ni
el terrorismo ni la epidemia de SARS impidieron que lo hiciera.
Llamé a mi compañía WANLILU Play.
En mandarín, WANLILU significa algo así como 10.000 millas. Como reza un dicho
chino: "uno es más sabio por viajar 10.000 millas que por estudiar 10.000
pergaminos”.
Vi que la industria turística de
Hong Kong solo ofrecía productos de viaje instantáneos, listos para usar:
“Conoce los mayores atractivos de Europa en 14 días”. Un viaje así es como
ingerir comida rápida y no un plato de ñoquis caseros, hechos con amor por la
abuela italiana de tus amigos.
Yo quería admirar la
impresionante migración masiva de los ñúes a través de las llanuras de Masai
Mara desde la altura de un globo aerostático, durante el atardecer. Eso me hace
feliz y quería compartir con otros esa alegría.
Viajar
puede ser salvador
Algo es maravilloso solo si
sorprende los sentidos. Por eso recuerdo otro aspecto inspirador de mi viaje a
Kenya: la alegría de interactuar con niños de colegio de Masai, ver sus
sonrisas mientras les dábamos libros y materiales de papelería.
Somos seres sociales y, como
recuerda el filósofo A.C. Grayling, obtenemos más felicidad de dar que de
recibir. Dar y ayudar nos hace sentir bien y por eso ahora estamos empezando a
ver un auge de viajes vivenciales que ayudan a satisfacer esos impulsos
filantrópicos y nuestro sentido de hacer el bien con productos de viaje
sostenibles y ecológicos.
Uno de los argumentos centrales
contra la idea de que el dinero compra la felicidad son las investigaciones que
muestran que los países más ricos, como Estados Unidos, no reportan altos
niveles de felicidad que se correspondan con el crecimiento del PIB.
Sí, es ese restablecimiento
constante de nuestra escala interna de felicidad lo que está llevando a
viajeros acaudalados a buscar más felicidad en experiencias que produzcan
bienestar.
Como lo pregona el futuro
congreso de Condé Nast Traveler en Singapur: viajar tiene el poder de “promover
un futuro sostenible en Asia” y, sin duda, en el mundo. Si viajar puede
salvarnos, sin duda también puede hacernos felices.
Estas son las opiniones de
filósofos y científicos sobre viajar y la felicidad:
Stefan Klein, autor de La ciencia de la
felicidad
¿Viajar lo hace feliz?: “El
placer de descubrir, la alegría de conocer personas de otros orígenes y,
finalmente, la emoción de probar comida que no consigo usualmente en mi ciudad
exceden por mucho las tensiones de viajar”.
¿Dónde es más feliz?: “En
cualquier lugar en el que me sienta conectado con la historia de la humanidad o
de nuestro planeta. Como en los Museos Nacionales de El Cairo, Atenas o Nueva
Delhi, maravillándome de los comienzos de las culturas occidentales y
asiáticas. En Manhattan, donde millones de inmigrantes dan sus primeros pasos
para tener una nueva vida. Y en cualquier lugar desde donde pueda darles un
vistazo a las cumbres de los Alpes o, mejor aún, de los Himalayas”.
¿Dónde es más infeliz?: “Donde
encuentre miseria y sufrimiento humano sin sentido, como en áreas rurales
desfavorecidas de Asia, o en barrios marginales”.
A.C. Grayling,
autor de Pensar en respuestas:
Preguntas de filosofía para la vida cotidiana
¿Viajar lo hace feliz?: “Sí,
porque viajar expande la mente y el espíritu, educa y lo pone a uno en contacto
con nuevas personas e ideas. Los lugares que me hacen feliz son grandes
ciudades con cultura vibrante y paisajes rurales hermosos”.
Lu Ping, diplomática y escritora
¿Viajar la hace feliz?: “Mucho.
La mayoría de los lugares a los que viajo me hacen muy feliz. Mis ojos se
refrescan y mi espíritu se renueva con los paisajes de lugares como Angkor Wat.
Sin embargo, lugares como
Palestina me hacen definitivamente infeliz. Estuve allá hace 10 años y su
enredada situación política de solución nada sencilla fue deprimente. Tíbet es
otro lugar que me obsesionaba y, aunque lo amé, la circunstancias de la gente
hicieron que me doliera el corazón”.
Lewis Iwu, excampeón
del Campeonato Mundial Universitario de Debate
¿Viajar lo hace feliz?: “Viajar
me hace muy feliz. Disfruto descubriendo nuevas culturas y abrazando la
historia del país en el que estoy. Tengo suerte de vivir en una ciudad
cosmopolita, que hace que viajar sea más interesante. Paso muchos meses
viajando por Estados Unidos. Como fanático de los programas de televisión
estadounidenses, fue genial visitar algunas de las ciudades en las que ocurrían
esos programas.
También disfruté Japón. Es una
cultura única que nunca había experimentado... y la comida fue fantástica. La
única parte de mi viaje que me hizo infeliz fue el karaoke, sobre todo porque
soy muy malo cantando”.





Estoy enamorado de los lugares de Chiclayo. Es mi amor platónico.
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