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| Foto: AFP |
El
presidente, que lleva 18 años en el poder, multiplica las apariciones públicas
como jefe de Estado, pero evita las promesas habituales de los candidatos,
los baños de multitudes y los mítines electorales.
"Putin
no hace una campaña electoral. Cumple con sus obligaciones presidenciales y esa
es su campaña", explica el politólogo Andrei Kolesnikov, del instituto de
investigación Carnegie. "Es el único candidato sin programa. Es
muy preocupante, es una prueba de desprecio hacia su pueblo".
Hay pocas dudas
respecto al resultado de los comicios, de los que quedó apartado el principal
opositor ruso, Alexéi Navalni, por condenas judiciales. Salvo una
enorme sorpresa, Putin será presidente hasta 2024, casi un cuarto de siglo
después de suceder a Boris Yeltsin al frente de Rusia.
A un mes de
las elecciones, un sondeo publicado el miércoles por el instituto VTsIOM,
cercano al gobierno, le atribuye más del 71,5% de las intenciones de voto. Un
dato superior al de su resultado en 2012 (63,6% de los votos) y muy por delante
de sus adversarios.
Putin
rechazó cualquier debate televisivo con sus opositores y se negó a utilizar el
tiempo de antena del que disponen todos los candidatos. A pesar de ello, es
omnipresente en los canales de televisión que cubren cada uno de sus actos como
jefe de Estado.
En las
calles, algunos carteles electorales lo muestran posando delante de un mapa de Rusia con
el lema "Un presidente fuerte para un país fuerte".
Pero son más
numerosos los carteles de la comisión electoral que animan a los rusas a
votar.
El principal
reto de Putin es obtener una tasa de participación suficientemente alta para
darle legitimidad a unos comicios cuyo resultado parece estar cantado.
"Hemos
vuelto a lo que esperábamos haber dejado atrás después de la caída del poder
soviético: elecciones rituales en las que el resultado se sabe de
antemano", escribió el columnista político Fiodor Krasheninikov, en el
semanario opositor New Times.
Campaña
'civilizada'
En esta
campaña electoral sin suspense, la imagen más memorable es la de Putin
bañándose en un estanque helado durante la Epifanía ortodoxa.
Cada acto en
el que participa está organizado con sumo cuidado, con la prensa mantenida a
distancia e invitados entusiastas.
Para el
periodista Oleg Kashin, del portal de noticias Republic.ru, Putin "no
tiene intención de hacer nada en realidad, y esa es la principal información de
estas elecciones presidenciales".
En cuanto a
los observadores pro-Kremlin, el politólogo Nikolái Kalmikov celebra que la
campaña sea "civilizada".
El
presidente hace "un verdadero trabajo concreto que da mejores resultados
que intervenciones populistas que buscan ganar uno o dos puntos", opina
este experto de la universidad Ranepa.
En ausencia
de Navalni, que organizó manifestaciones con decenas de miles de jóvenes el año
pasado y llamó a boicotear la votación, Putin
debe lidiar con dos nuevos rivales: la opositora liberal Ksenia
Sobchak y Pavel Grudinin, un hombre de negocios millonario designado por el
partido comunista.
Sobchak, una
exestrella de la telerrealidad convertida en periodista, se propone reunir a
todos los votantes rusos descontentos con los años de gobierno de Putin.
Grudinin,
director del "Sovkhoze Lenin", una empresa productora de frutas y de
productos lácteos, está en segundo lugar en los sondeos. A pesar de una
cobertura muy negativa en los medios, el instituto VTsIOM le da el 7,3% de las
intenciones de voto.
Para el
experto Andréi Kolesnikov, la verdadera "incógnita" de esta campaña
reside en esos dos candidatos: la capacidad de Ksenia Sobchak para crear un
partido liberal tras las elecciones, y la de Grudinin para tomar el relevo al
frente del partido comunista de Guenadi Ziuganov, su líder desde la caída de la
URSS.

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