Una reflexión en torno a esta antigua interrogante
(Caretas) En algún momento, todos nos hemos hecho esta pregunta: ¿Los medios
de comunicación deben educar? Las respuestas han sido diversas. En estas breves
líneas trataré de exponer mi posición.
Los medios de comunicación, desde sus orígenes y pensemos en los
diarios, el cine, la televisión, la radio, entre otros, no “nacieron” con el
objetivo de generar entre emisores y receptores procesos de
enseñanza-aprendizaje. La imprenta por sí misma no constituyó un medio de
comunicación, se utilizó como recurso para trasmitir información de forma
fiable de un lugar a otro, y al inicio con fines netamente religiosos y luego
comerciales. La televisión como invento no constituye un medio de comunicación,
adquiere carácter de medio cuando se generan relatos o contenidos dirigidos a
una audiencia, que son distribuidos usándola como plataforma.
Desde que los medios de comunicación masiva aparecieron y cobraron
relevancia siempre han surgido voces apocalípticas que los satanizan señalando
que socavan las bases de una sociedad debido a que permiten generar opinión,
contrastar ideas, conocer hechos, generar visibilidad de los acontecimientos
para el gran público. La forma en que los medios han sido y son usados, en
cuanto a desarrollo y consumo de contenidos, tanto por emisores como por
receptores, es el origen de este tipo de preguntas: ¿Los medios de comunicación
deben educar?
Si definimos educar en el sentido de orientar o llevar a una
persona hacia el conocimiento, a través de un proceso, los medios de
comunicación, desde su concepto más amplio, no tienen como objetivo el educar.
Sin embargo, lo hacen. Y de ahí nace la responsabilidad que deben manejar y
gestionar.
Un medio de comunicación desarrolla mensajes inmersos dentro de un
grupo social que tiene un contexto, ligado a una estructura ideológica
generalmente ligada a una visión política-económica. Debido a ello, los
contenidos que se desarrollan estarán centrados en las creencias, valores,
costumbres, acciones que socialmente han sido validas de forma positiva en
dicho contexto. Todo lo que esté por fuera de esa visión será excluido o presentado
como fuera del sistema.
Pensemos en los años en que la homosexualidad fue reprimida y
censurada en los contenidos de los medios. Hasta hace un tiempo era impensable
que contenidos como los de la serie de niños de Nickelodeon, “The Loud House”,
llegaran a la televisión en Estados Unidos y por televisión paga al resto del
mundo. En esta historia se muestra a una familia gay que cría a un niño, el
mejor amigo del protagonista. Si bien esta serie ha generado una serie de
comentarios y opiniones a favor y en contra, en el Estados Unidos de 1980 no se
podría ni haber pensado en la posibilidad. Hoy la sociedad americana es más
permeable a este tema, el contexto va cambiando y la narrativa con ello.
Los medios de comunicación, en su gran mayoría y sobre todo en el
Perú, son privados y como tal se constituyen como empresas. Como sus pares en
todas las partes del mundo, en el Perú los medios requieren de una audiencia a
fin de que su modelo de negocio funcione. Un medio de comunicación es una
empresa que arrienda espacios publicitarios a empresas y esto es así inclusive
en los medios digitales, aunque con estos últimos los modelos de negocio van
variando. Para que las empresas los encuentren atractivos para difundir su
imagen o mensajes comerciales, es necesario que los medios aseguren que los
ven, los escuchan, los leen, los visitan; es decir, son relevantes para una
persona que constituye su público objeto.
¿Qué hacen los medios para lograr ser relevantes? Pues generan
contenidos, los cuales deben asegurar la atención de un público determinado.
Esos contenidos, narrativas, se generan en un contexto social y pensando en una
audiencia. Y aquí se genera el problema.
En un medio, y la generalización es inevitable, el contenido se
produce en forma masiva pensando en una audiencia común, no en los matices que
en ella se encuentran sino en la generalidad, sobre todo en medios masivos
tradicionales, los cuales aún no logran el nivel de segmentación alcanzado por
los medios digitales. Esta narrativa debe estar acompañada de puntos de
encuentro comunes, que salen de aquello que es ampliamente aceptable en la
sociedad, para que genere la atención de dicha audiencia masiva, común,
prosaica.
De esta forma los medios lo único que hacen es representar y
perpetuar la imagen que el común de la audiencia tiene de sí misma. Y ahí
reside el problema, dado que transmiten narraciones que tienen aceptación por
una mayoría y “educan” en términos de los paradigmas no solo sociales sino
también políticos, económicos y empresariales en los que están inmersos. En una
sociedad “poco educada” y sin mayor alfabetismo en medios, la credibilidad
vendrá dada por los años de consumo de dichos contenidos que han sido validados
y son validados cada vez que se consumen.
Si bien los medios digitales permiten que las audiencias se
vuelvan a la vez creadoras de contenido y ejerzan opinión sobre lo que consumen
en términos de narrativas, el panorama no cambia tanto, sino pensemos en las
veces que un tema se vuelve polémico o interesante pero es falso, o cuando se
comparten datos sin contrastar el contenido, todo ello muchas veces impulsado
por los líderes de opinión en digital -los influencers- y la irresponsabilidad
del anonimato.
Los medios de comunicación tienen una responsabilidad. Esa
responsabilidad está en entender que la educación es un término amplio que no
solo evoca procesos de enseñanza-aprendizaje, sino también la forma en que se
entiende el mundo. Si una persona vive en un lugar sin acceso al mar, no puede
ver fotos del mar, nadie le cuenta que existe eso que se llama mar, entonces su
conocimiento del mundo estará limitado a pesar de que existan esas grandes
masas de agua. Si una persona se expone siempre a contenidos en donde se señala
que está bien golpear a las personas y eso genera risas, pensará que esa es la
regla de convivencia.
La responsabilidad de los medios en el Perú es saber leer aquello
que genera implicancias positivas y negativas, entender que poseen gran
credibilidad y que hoy se exige en todas las plataformas un cambio social hacia
los valores de comunidad. Con ello la sociedad no pide que los medios se
vuelvan escuelas ni generen tele educación, sino que sus contenidos se basen en
una profunda reflexión en torno a sus audiencias, su modelo de negocio y su
sostenibilidad. Es posible hacer humor sin violencia, brindar noticias sin
titulares fatalistas, suscitar likes más allá de videos graciosos de gatos.
Escribe: Patricia Sánchez Urrego
| Decana de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

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