(Utero) Si
Vizcarra quisiera desterrar la corrupción otro sería su candidato para Lima y
no Jorge Villacorta, un ex toledista devenido en pepekausa cuya trayectoria
deja mucho que desear. De hecho, en octubre de 2016 el periodista Andy Livise
escribió:
“Este
es el otro asesor presidencial al que PPK debería ponerle el ojo por estos
cuatro anticuchos”.
La nota detalla los nubarrones que persiguen
al hoy candidato del Presidente, uno de estos “anticuchos” se remonta a 2005 “cuando Villacorta dobleteaba como
viceministro y presidente de Sedapal […]. La República informaba que la
Contraloría lo denunció por haber permitido que se pague 1.6 millones en exceso
a una empresa que ejecutaba obras en Ventanilla”. Ver:
http://utero.pe/2016/10/12/este-es-el-otro-asesor-presidencial-al-que-ppk-deberia-ponerle-el-ojo-por-estos-4-anticuchos/
Y con
esa gente a cuestas nos dice: “No
podemos dejar que unos cuantos corruptos que están enquistados en todos los
niveles del Estado no nos dejen progresar”.
Haría
bien Vizcarra en empezar por limpiar su entorno en vez de crear falsas
esperanzas a una población hastiada de la putrefacción y opacidad de las
autoridades de todo rango.
La
frustración de la gente de a pie ha sido arteramente dirigida hacia el Congreso,
como si allí estuviera la raíz de todos los males nacionales, incluida la
incompetencia de Vizcarra para gobernar. Este la ha emprendido, también, contra
el nuevo fiscal de la Nación Pedro Chávarry y, de paso, es activo militante
contra la “Ley Mulder” (Ley que
regula el gasto en publicidad del Estado Peruano). Esto último le ha ganado un
efímero coro mediático monocorde que aplaude y justifica todos y cada uno de
sus desatinos: atropello a la Constitución, retrasos obscenos en la
reconstrucción del norte, tardía intervención en lo del friaje, seguir los
dictados de una izquierda a la que nadie eligió, entre otras perlas. No es
gratuito que la gran prensa busque sombras en los candidatos Belmont y
Reggiardo y calle las oscuridades de Villacorta, candidato de Vizcarra a Lima.
La
falta de poder real del Presidente lo lleva a tratar de crecerse teatralmente
ante el Legislativo con amenazas y bravuconadas, exhibiendo su propia
precariedad política. Vizcarra podría terminar convertido en el agente más
peligroso para la institucionalidad democrática y estabilidad políticas.
Aquí no
hay lucha contra la corrupción, hay un presidente en busca de ese “chicheñorismo” que le regala a los
poderes fácticos blanqui-limeños. Veremos cuánto le dura y hasta dónde llegan
sus autoritarias apetencias. ¿Anticorrupción?
¡Nada!


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