(DiarioUNO) José Sotomayor, jefe de la
Oficina de Imagen Corporativa de la Universidad San Ignacio de Loyola, me
escribe acerca de mi reciente artículo e indica que “las guías temáticas de apoyo no fueron elaboradas por USIL ni por sus colaboradores,
sino por profesionales externos quienes las elaboraron en su condición de
proveedores contratados”.
Más todavía, Sotomayor afirma que
ya se ordenó la elaboración de nuevas guías “mejoradas”.
En primer lugar, gracias por la gentileza del
señor Sotomayor. Aunque no me solicita publicar su rectificación, lo hago
porque considero que tiene derecho a ser escuchado. Sin embargo, quiero decir
desde el comienzo que no tengo otro interés en este asunto que no sea el de
abogar por los maestros paraguayos que se hallan en situación desesperada y que
están a punto de perder lo que les ha costado enormes sacrificios.
Por otro lado, la USIL, aunque no acepta nuestras
calificaciones, ha admitido la comisión de los actos que describimos en nuestro
artículo anterior. Nos alegra saber que un artículo publicado a través del Facebook adquiera alguna importancia gracias a la democracia de los
medios sociales.
Sin embargo, todavía tengo
algunas preguntas sobre el particular:
1.- Si alguien comete delito de plagio y demuestra
que lo hizo a través de “proveedores externos”, ¿significa eso que la persona está libre de culpa?
2.- Si esa misma persona obtiene
5 millones de dólares a cambio de ese trabajo plagiado, el beneficio que ha recibido, ¿no es prueba contra ella?
3.- Si el plagio se ha cometido
contra una entidad del Estado, el Ministerio de Educación peruano en ese caso, ¿no es esto punible?
4.- Si el delito estaría
perjudicando a 2 mil 800 maestros, ¿no
agrava esto la situación de quien lo cometiera?
Hace muy bien la USIL en admitir
lo señalado e indicar que está tomando cartas en el asunto. No obstante, la
situación se parece mucho al cuento del Gran Bonetón.
En los juegos infantiles de ese nombre, el acusado de una falta dice:
No fui yo, señor.
Pues, ¿quién lo fue?
Fue el Gran Bonetón.
En Paraguay, la Unidad Anticorrupción acusa de plagio a
la Universidad San Ignacio de Loyola, filial Asunción.
No fui yo, señor.
Pues, ¿quién lo fue?
Fue la Universidad San Ignacio de Loyola, filial
Lima.
En Lima, sucede el mismo diálogo, y, ante la denuncia penal, la USIL
responde:
No fui yo, señor.
Pues, ¿quién lo fue?
Fueron los proveedores externos.
Cuando todos asuman sus
responsabilidades en nuestros países, habremos dado un gran paso en la lucha
contra la corrupción. Mientras no sea así, los fiscales tendrán que interrogar
al Gran Bonetón.

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