LÁGRIMAS DE COCODRILO O CÁLCULO POLÍTICO PARA RECUPERAR PODER


(DiarioUno) El keikismo, que desdeñó todas las fórmulas para sacar de la cárcel al creador del fujimorismo, que no movió un dedo por el indulto, que lo rechazó públicamente cuando el entonces presidente Pedro P. Kuczynski se aventuró a dárselo y que masacró políticamente a su hermano Kenji y a sus “avengers” por haber apoyado el perdón, reaccionó ayer como un colectivo de plañideras hipócrita y aprovechador, ante la decisión judicial de devolver a prisión al viejo jerarca.
Keiko y su entorno lloraron y denunciaron que se trata de una venganza, de un acto de odio, de una persecución y ensañamiento contra un casi moribundo.
No resulta coherente llorar por algo por lo que no interesó y por lo que no se gestionó, no se luchó.
Sin embargo, sí resulta atractivo, justo en momentos en que la baja popularidad arrecia, en que la percepción ciudadana ve a Keiko Fujimori como la persona más corrupta del país, en que su dominio en el Congreso ya no es lo sólido que fue, aprovechar el martirio de su padre para tratar de revertir la mala racha.
De eso se trata. De simple cálculo político, del juego por el poder que, como el agua, a veces se escapa entre los dedos.

LA LATENCIA DEL INDULTO
El expresidente Alberto Fujimori ingresó a la prisión de la Diroes en el fundo Barbadillo tanto pronto llegó extraditado de Santiago de Chile, en el año 2007. Sucesivamente fue condenado por varios delitos. Pero su condena más grave de 25 años de prisión fue por la autoría mediata de las masacres de Barrios Altos y La Cantuta.
Al final de su último régimen el expresidente Alan García evaluó la opción de indultarlo, pero no avanzó mucho porque percibió que no había condiciones a favor y había pasado poco tiempo del castigo.
A su turno, el presidente Ollanta Humala Tasso también exploró las alternativas de la carcelería domiciliaria y quizá el propio indulto, pero tampoco llegó a una decisión.
Por su parte, en medio del encono que caracterizó a la campaña electoral del 2016, el candidato Kuczynski, al tiempo de proclamar que “hijo de ratero, es ratero también”, en directa alusión a su archirrival Keiko Fujimori, declaró que si ganaba los comicios no iba a indultar al exmandatario preso.

EL KAMBIO DE PPK
Como una cosa es con guitarra y otra con cajón y a los toreros se les ve en el ruedo, tan pronto como asumió y Fuerza Popular empezó a censurar a sus ministros, PPK abrió una línea de reconsideración del tema del indulto y la exploración de alternativas, al mismo tiempo que, inexplicablemente por entonces, el menor de los Fujimori se distanciaba de su hermana Keiko y de su partido, preocupándose de mostrar a la ciudadanía un especial acercamiento hacia PPK y un creciente interés en conseguir la libertad de su padre.
Hoy se ve claramente que mientras Keiko Fujimori priorizaba una línea de ataque frontal a PPK con el propósito de sacarlo de la presidencia, lo que necesariamente implicaba el abandono de la gestión del indulto u otra alternativa a favor de su padre, PPK afianzaba el acercamiento con Kenji, como un supuesto seguro si las cosas se ponían mal.
Y debido a su pasado presuntamente corrupto y a la delación de la corrupta Odebrecht, las cosas se le pusieron requetemal.
Es historia reciente y materia de varios procesos judiciales, el supuesto intercambio del indulto por los votos de Kenji y de su grupo, contra el primer pedido de vacancia impulsado por el keikismo, el cual fracasó el 21 de diciembre del 2017.
Cierto, esos 11 votos salvaron a PPK y, cierto, dos días después, horas antes de la Nochebuena, PPK se atrevió a indultar al veterano reo, tras un brulote burocrático inconsistente. No obstante, el supuesto trato se había consumado.
DE CAINES Y ABELES
Lo que siguió fue la ruptura de la bancada de Fuerza Popular y el castigo para Kenji y su grupo “traidor”. El indulto no fue bien recibido por Keiko Fujimori ni por su partido, más allá de expresiones formales de contento. Eso es público. No se puede negar.
Todos los medios tienen a la mano en sus archivos el hoy célebre pronunciamiento público de Fuerza Popular, del 4 de enero de este año, en que cuestionan la “forma” en que fue dado el perdón. Becerril hasta acusó al viejo líder de promover la corrupción para conseguir su indulto y ayer trató de excusarse diciendo que habló “en caliente”.
No obstante, como la tendencia vengativa de Keiko Fujimori es también innegable, puso en marcha la segunda vacancia y entonces en la relación con PPK y, sobre todo, con su hermano la sangre llegó al río.
El contexto fue la brutal y bruta operación de los “Mamani videos” (con remembranzas montesinistas) y la estupidez política total de los operadores del régimen de PPK y del mismo Presidente, quienes cayeron confiando en el más taimando de los puneños.
PPK tuvo que renunciar. Kenji y tres de sus “avengers” están ahora en el ostracismo parlamentario, con el “delfín” del fujimorismo vendiendo huevos de gallina en la calle.
LÁGRIMAS DE COCODRILO
Entonces cómo se explica que Keiko declare llorando ante cámaras que el fallo judicial que retorna al viejo dictador a la cárcel es “una persecución, no solamente contra mi familia, basta ya, contra Fuerza Popular. Siento que aquí hay odio, ensañamiento”.
“De parte de quién no sé, pero sin duda de todos nuestros enemigos políticos. Es el día más triste de mi vida. Es doloroso saber que un juez en nuestro país le ha quitado la libertad a mi padre señalando que porque no está moribundo no tiene derecho a un indulto humanitario. Invoco a nuestros enemigos políticos y les digo ya basta. Tienen que poner un alto y un límite al cálculo político, al odio, al ensañamiento, por favor. La decisión judicial es injusta e inhumana, pero apelaremos”.
¿Cómo cuadra en la historia reciente esto de Letona: “Se trata de una decisión politizada. El pueblo se da cuenta de ello. Por eso lucharemos por la vía institucional para revertir esta medida. Vamos a ir de la mano del pueblo que se da cuenta que esta decisión politizada no tiene nada que ver con la justicia del país”.
María Luisa Cuculiza, una veterana ex, enviada al retiro por la propia Keiko, optó por una crítica por cuestión de humanidad: “Es una cosa que no se puede aceptar. Dejen tranquilo a ese hombre. Es increíble cómo pueden retroceder y seguir martirizando a un hombre que nos liberó de tantas barbaridades”.
Eso, paradójicamente, habría que preguntarles a los keikistas y a Keiko, a quien el exabogado de su padre, César Nakasaki, le ha echado en cara sobre su llanto sin lágrimas ante la prensa, ¿por qué no se quebró antes?

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