Keiko y su entorno lloraron y
denunciaron que se trata de una venganza, de un acto de odio, de una
persecución y ensañamiento contra un casi moribundo.
No resulta coherente llorar por
algo por lo que no interesó y por lo que no se gestionó, no se luchó.
Sin embargo, sí resulta
atractivo, justo en momentos en que la baja popularidad arrecia, en que la
percepción ciudadana ve a Keiko Fujimori como la persona más corrupta del país,
en que su dominio en el Congreso ya no es lo sólido que fue, aprovechar el
martirio de su padre para tratar de revertir la mala racha.
De eso se trata. De simple
cálculo político, del juego por el poder que, como el agua, a veces se escapa
entre los dedos.
LA LATENCIA DEL INDULTO
El expresidente Alberto Fujimori
ingresó a la prisión de la Diroes en el fundo Barbadillo tanto pronto llegó extraditado
de Santiago de Chile, en el año 2007. Sucesivamente fue condenado por varios
delitos. Pero su condena más grave de 25 años de prisión fue por la autoría
mediata de las masacres de Barrios Altos y La Cantuta.
Al final de su último régimen el
expresidente Alan García evaluó la opción de indultarlo, pero no avanzó mucho
porque percibió que no había condiciones a favor y había pasado poco tiempo del
castigo.
A su turno, el presidente Ollanta
Humala Tasso también exploró las alternativas de la carcelería domiciliaria y
quizá el propio indulto, pero tampoco llegó a una decisión.
Por su parte, en medio del encono
que caracterizó a la campaña electoral del 2016, el candidato Kuczynski, al
tiempo de proclamar que “hijo de ratero,
es ratero también”, en directa alusión a su archirrival Keiko Fujimori,
declaró que si ganaba los comicios no iba a indultar al exmandatario preso.
EL KAMBIO DE PPK
Como una cosa es con guitarra y
otra con cajón y a los toreros se les ve en el ruedo, tan pronto como asumió y
Fuerza Popular empezó a censurar a sus ministros, PPK abrió una línea de
reconsideración del tema del indulto y la exploración de alternativas, al mismo
tiempo que, inexplicablemente por entonces, el menor de los Fujimori se
distanciaba de su hermana Keiko y de su partido, preocupándose de mostrar a la
ciudadanía un especial acercamiento hacia PPK y un creciente interés en
conseguir la libertad de su padre.
Hoy se ve claramente que mientras
Keiko Fujimori priorizaba una línea de ataque frontal a PPK con el propósito de
sacarlo de la presidencia, lo que necesariamente implicaba el abandono de la
gestión del indulto u otra alternativa a favor de su padre, PPK afianzaba el
acercamiento con Kenji, como un supuesto seguro si las cosas se ponían mal.
Y debido a su pasado
presuntamente corrupto y a la delación de la corrupta Odebrecht, las cosas se
le pusieron requetemal.
Es historia reciente y materia de
varios procesos judiciales, el supuesto intercambio del indulto por los votos
de Kenji y de su grupo, contra el primer pedido de vacancia impulsado por el
keikismo, el cual fracasó el 21 de diciembre del 2017.
Cierto, esos 11 votos salvaron a
PPK y, cierto, dos días después, horas antes de la Nochebuena, PPK se atrevió a
indultar al veterano reo, tras un brulote burocrático inconsistente. No
obstante, el supuesto trato se había consumado.
DE CAINES Y ABELES
Lo que siguió fue la ruptura de
la bancada de Fuerza Popular y el castigo para Kenji y su grupo “traidor”. El indulto no fue bien
recibido por Keiko Fujimori ni por su partido, más allá de expresiones formales
de contento. Eso es público. No se puede negar.
Todos los medios tienen a la mano
en sus archivos el hoy célebre pronunciamiento público de Fuerza Popular, del 4
de enero de este año, en que cuestionan la “forma” en que fue dado el perdón.
Becerril hasta acusó al viejo líder de promover la corrupción para conseguir su
indulto y ayer trató de excusarse diciendo que habló “en caliente”.
No obstante, como la tendencia
vengativa de Keiko Fujimori es también innegable, puso en marcha la segunda
vacancia y entonces en la relación con PPK y, sobre todo, con su hermano la
sangre llegó al río.
El contexto fue la brutal y bruta
operación de los “Mamani videos”
(con remembranzas montesinistas) y la estupidez política total de los
operadores del régimen de PPK y del mismo Presidente, quienes cayeron confiando
en el más taimando de los puneños.
PPK tuvo que renunciar. Kenji y
tres de sus “avengers” están ahora
en el ostracismo parlamentario, con el “delfín” del fujimorismo vendiendo
huevos de gallina en la calle.
LÁGRIMAS DE COCODRILO
Entonces cómo se explica que
Keiko declare llorando ante cámaras que el fallo judicial que retorna al viejo
dictador a la cárcel es “una persecución, no solamente contra mi familia, basta
ya, contra Fuerza Popular. Siento que aquí hay odio, ensañamiento”.
“De
parte de quién no sé, pero sin duda de todos nuestros enemigos políticos. Es el
día más triste de mi vida. Es doloroso saber que un juez en nuestro país le ha
quitado la libertad a mi padre señalando que porque no está moribundo no tiene
derecho a un indulto humanitario. Invoco a nuestros enemigos políticos y les
digo ya basta. Tienen que poner un alto y un límite al cálculo político, al
odio, al ensañamiento, por favor. La decisión judicial es injusta e inhumana,
pero apelaremos”.
¿Cómo cuadra en la historia
reciente esto de Letona: “Se trata de una decisión politizada. El pueblo se da
cuenta de ello. Por eso lucharemos por la vía institucional para revertir esta
medida. Vamos a ir de la mano del pueblo que se da cuenta que esta decisión
politizada no tiene nada que ver con la justicia del país”.
María Luisa Cuculiza, una
veterana ex, enviada al retiro por la propia Keiko, optó por una crítica por
cuestión de humanidad: “Es una cosa que no se puede aceptar. Dejen tranquilo a
ese hombre. Es increíble cómo pueden retroceder y seguir martirizando a un
hombre que nos liberó de tantas barbaridades”.
Eso, paradójicamente, habría que
preguntarles a los keikistas y a Keiko, a quien el exabogado de su padre, César
Nakasaki, le ha echado en cara sobre su llanto sin lágrimas ante la prensa,
¿por qué no se quebró antes?



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