(Expreso) Exponemos nuestra extrañeza y a la vez exhortamos a los líderes
de las instituciones del Estado, especialmente al Presidente de la República,
ingeniero Martín Vizcarra, y al fiscal de la Nación,
doctor Pedro Chávarry, a fin de que depongan la
manera como se están enfrentando, pues de por medio está la estabilidad
democrática del país.
Peligrosamente
desde Palacio de Gobierno se está presentando una serie de actos que buscan
agudizar las contradicciones no solo con la oposición fujimorista sino también
contra otros órganos constitucionalmente autónomos como el Ministerio Público.
Primer
acto: el jefe de Estado declara reiterada y sistemáticamente ante los medios de
comunicación su pedido para que el fiscal de la Nación “dé un paso al costado”,
lo cual no solo resulta impropio de un primer mandatario sino que manifiesta un
sesgo personal anticonstitucional al mostrar un ánimo que va más allá de su
libertad de expresión.
Segundo
acto: promover desde los hilos del poder, sea directa o indirectamente, una
suerte de alianza junto al actual presidente de la Corte Suprema de Justicia de
la República, compadre del exfiscal de la Nación, Pablo Sánchez, y la argolla
caviar-fáctico-mediática en connivencia con los lujosos estudios de abogados que
defendieron a Odebrecht, es decir un cerco contra el doctor Pedro Chávarry,
actual titular del Ministerio Público.
Y
tercer acto: el Juzgado de Investigación Preparatoria de la Corte Suprema, a
cargo del magistrado Hugo Núñez Julca, declaró fundado un pedido de la parte
civil de no aplicación del indulto humanitario en favor del expresidente
Alberto Fujimori, otorgado en diciembre del año pasado.
En
consecuencia, el resultado no sería otro que uno preparado para patear el
tablero democrático, más aún cuando el fiscal de la Nación, Pedro Chávarry,
ante la provocación palaciega, respondió que el presidente Vizcarra tiene 46
investigaciones fiscales, siendo tres de ellas por denuncias generadas a partir
de su gestión como gobernador de la región Moquegua, y las restantes por el
caso del aeropuerto de Chinchero.
Si cree
el jefe de Estado que de esta manera puede seguir subiendo en la aprobación
ciudadana; o que de este modo se va a librar de las investigaciones fiscales,
por demás legítimas, que penden sobre su cabeza; o que solo amenazando con
ponerse las botas conseguirá sus más profundos designios, le decimos que se va
a equivocar de plano porque, sencillamente, está jugando con fuego.
Exigimos
serenidad al presidente Vizcarra porque con sus actos desaforados lo único que
está demostrando es que a algo teme y eso lo desespera. Basta de este pulseo
contra la oposición democrática. Nuestra historia republicana es clara en este
tipo de tensiones, aunque en la óptica del gobierno nacional, ¿acaso cabe
en la cabeza del jefe del Estado que con este tipo de estrategia va a
“negociar” sus investigaciones ante la Fiscalía? Señores, el país merece
explicaciones.

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