En torno al Patrimonio Cultural de la
ciudad de Lambayeque
![]() |
| Casa de la familia Monteza - Delgado en Lambayeque |
Hasta las primeras décadas del pasado siglo, la
fisonomía urbana de la Generosa y Benemérita ciudad de San Pedro de Lambayeque,
representaba, hasta cierto punto, la clara expresión de más de tres siglos de
desarrollo urbano en esta parte de la costa norte del Perú. Su casco urbano era
depositario, en sí mismo, de una verdadera cultura y tradición urbana.
Lamentablemente la falta de una adecuada y eficiente política
cultural, unida al paso inexorable del tiempo, los fatídicos fenómenos
naturales, la incuria, el grotesco y pretendido afán de progreso o
“modernidad”, la deprimente e injustificable ansia de lucro, y la
incuestionable indiferencia de sus sucesivas autoridades edilicias, permitieron
se echara por los suelos, en gran parte,
estos irreversibles vestigios culturales.
No cabe duda, demás está decirlo, que el patrimonio
construido experimenta de manera permanente varias amenazas, pero en el caso
específico de la ciudad de Lambayeque, la mano del hombre le produjo daños
irreparables a su antiguo paisaje urbano, heridas y cicatrices de las que jamás
podrá recuperarse.
Con estos nefastos antecedentes, no se hizo más que
contribuir a romper el vínculo y la memoria con su pasado, con esa calidad
espiritual e incuestionable prestancia que le daba cierta categoría en esta
región. Se ha tratado por todos los medios de ponerle un traje nuevo que de
ninguna manera le asiste. Siempre consideramos que constituía una irreverencia,
un absurdo, el tratar de evadir esta realidad. Se ha buscado,
incomprensiblemente, darle un acento ajeno, creciendo hacia afuera en vez de
decidirse a hacerlo hacia adentro.
En ciudades con conciencia y sobre todo con un inmenso
respeto y amor a su legado cultural esta clase de ensayos se realizan, sin
perjuicio alguno, en nuevas áreas de expansión urbana, pero todo parece indicar
que la ciudad de Lambayeque no las tiene, o, en su defecto, ha copado toda su
capacidad. De ahí que desde hace algún buen tiempo atrás se comenzó a “matar”
su rostro tradicional forjado prácticamente a través de los siglos.
![]() |
| Equina de la casa Montjoy, la casa "Aguilar Pastor" y las torres de la Iglesia |
Vanos resultaron nuestros esfuerzos por inculcar en la
memoria de buena parte de sus habitantes el valor que el legado patrimonial de
sus mayores significaba para el desarrollo turístico de esta ciudad prócer.
Las diferentes actitudes sobre tan importante y
preocupante tema se veían reflejadas en las reuniones que sobre el particular
se daban, y tengo entendido aún se dan, en las continuas tertulias de sus
moradores. En estas “charlas” de salón, restaurante, café, cantina, picantería
o esquina, se discutía acaloradamente el “destino” que debía dársele al quieto,
inmóvil, silencioso, viejo, herrumbroso, vulnerable e irreversible patrimonio
cultural inmueble de esta ciudad.
En ellas, desgraciadamente, no todos los contertulios
tenían el mismo criterio, no existía, y lamentablemente aún no existe, un común
acuerdo, y en algunos casos, tal vez por necedad o ignorancia, se llegaba al
extremo de sugerir, obstinadamente, que la salida más viable e inmediata a
tomar era que buena parte de que estos bienes patrimoniales sucumbiesen a la
grotesca “piqueta del progreso”, así de fácil y sencillo.
Con estos irracionales, cuestionables y rebatibles
argumentos le trataban de negar a la legendaria y otrora opulenta ciudad de
Lambayeque, a la blasonada urbe de la época independiente, esa calidad
espiritual, esa vieja prestancia, ese singular encanto señorial que le dió
innegable categoría en el Norte del Perú. Se debe echar por los suelos clamaba
ese “segmento” de pobladores el patrimonio histórico de esta ciudad, o sea la
mayor herencia que habían de dejar a los que los sucedan.
No cabe duda se trataba, en muchos casos, de los
descendientes de aquellos faltos de ciencia, letras y noticias, que acudieron,
desde tempranas horas, a observar cómo se derribaba, en 1929, la vieja mansión
virreinal donde viviera el prócer de la independencia de su ciudad natal, don
Juan Manuel Aniceto Iturregui Aguilarte. Casona muy ligada al proceso
independentista de esta ciudad y ubicada en una de las esquinas de su plaza
mayor o principal, denominada, desde 1920, como Plaza de Armas “27 de
Diciembre”, en clara alusión al memorable día en que esta ciudad decidiera
romper las cadenas que por espacio de aproximadamente tres siglos la ataban al
régimen español.
Gracias a un registro fotográfico, de la primera y
segunda década del siglo XX, sabemos que esta mansión virreinal poseía un
balcón abierto de cajón corrido muy parecido al de la Casa de la Logia o Casa
Montjoy, pero, claro está, sin la longitud de ésta última.
![]() |
| Casa del prócer Juan Manuel Aniceto Iturregui Aguilarte (1921) |
La mansión fue derribada en 1929, para construir en su
lugar el hotel Taymi. La fábrica de éste hotel demandó solamente 60 días de
trabajos, y sirvió para alojamiento de los invitados al Congreso Regional del
Norte y a la feria agropecuaria realizada en la plaza Independencia y el
terreno que albergara después al colegio Nuestra Señora del Carmen de ésta
ciudad. En sus instalaciones funcionaron después las oficinas del Ministerio de
Agricultura. Un voraz incendio acaecido en 1982, arruino completamente el
edificio.
![]() |
| Destrucción de la casa "Iturregui", en su lugar se construyó el hotel Taymi (1929) |
![]() |
| El hotel Taymi, construido en tan solo 60 días (1929) |
![]() |
| Un voraz incendio acabó con el edificio en 1982 (Memo Luna 1982) |
![]() |
| Así luce ahora la esquina donde se levantara la casa "Iturregui" y el hotel Taymi |
Son los actuales “torpes socios” de los que situados
también en una de las esquinas de la citada plaza, justo a espaldas de la
iglesia matriz San Pedro de ésta ciudad, miraban atentamente y con cierto
desdén como, en 1962, se derribaban los viejos y resistentes muros de la “Casa
Grande”, como se le denominaba en la época virreinal al solar patricio de la
familia Salcedo. En ésta mansión pasó sus primeros siete años de vida el
Presidente Augusto Bernardino Leguía Salcedo.
Observaban, como sin ninguna compasión se desmontaba
la hermosa escalera de fina madera de cedro de Panamá que conducía a su segunda
planta. Como se “rifaban” las hermosas ventanas de balaustres de madera y fierro
forjado de sus principales habitaciones interiores. Como se desarmaban las
piezas de fino cedro de Nicaragua de sus bellos techos artesonados. En fin,
como se talaba desde sus raíces el viejo y hermoso árbol de tamarindo, de
tupido follaje, ubicado en el lado derecho de su amplio patio principal, para
convertirlo luego en combustible para la elaboración de la espumante chicha de
“dos cocidas”.
Ese fue el tiste final de aquella antigua casa donde
la memorable noche del 27 de diciembre de 1820, el cabildo patriótico de esta
ciudad firmara el acta de declaración de su independencia del poder español.
![]() |
| Histórica y desaparecida casa de la familia Salcedo en Lambayeque |
Son los descendientes de aquella misma incuriosa
“cofradía” que, aún recuerdo, no se unió en 1984, al incesante clamor por el
inmediato retorno de su antiguo patrimonio documental, de su viejo archivo
histórico, con registros que se remontan a los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX.
Antigua papelería que celosamente catalogaran, conservaran y custodiaran, desde
las últimas décadas del siglo XIX, los escribanos Manuel Rivadeneira Alegría y
sus descendientes Juan M. Rivadeneira, Víctor Manuel Rivadeneira y Carlos
Rivadeneira, en los austeros ambientes de su magnífica casona ubicada en la
calle Bolognesi. Inmueble hoy desaparecido, y que por su valor arquitectónico fuera
declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 1973.
A las finales el archivo de los hermanos Rivadeneira
sirvió de base para la creación, por Resolución Ministerial No. 133 – 84, del
27 de agosto de 1984, del Archivo Subregional II Lambayeque. Este importante
organismo fue inaugurado el 10 de enero de 1986, siendo transferido a la Región
Nor Oriental del Marañón, hoy Gobierno Regional de Lambayeque, el 16 de julio
de 1990. El ahora denominado Archivo Regional de Lambayeque (ARL) tiene su sede
temporal en la ciudad de Chiclayo, camino al distrito o balneario de Pimentel,
paradojas del destino.
| Sugestivo balcón corrido de la desaparecida casa Rivadeneira (1996) |
Entre las casonas solariegas hoy
desaparecidas, también se encuentra la mansión virreinal donde morará el prócer
de la independencia de Lambayeque don Mariano Quesada y Valiente, síndico
procurador del cabildo patriótico lambayecano, ubicada en la antigua calle
“Real de Mercaderes” hoy “8 de Octubre”, en cuyo primer patio de armoniosas
proporciones, jurara la independencia, el 31 de diciembre de 1820, “el pueblo
medio y bajo” de Lambayeque.
En el balcón de ésta casa, que antaño
luciera un hermoso antepecho de fierro forjado desaparecido en la década del
cuarenta del pasado siglo, flameó, por primera vez en el norte del Perú, el
estandarte bicolor ideado por el ilustre argentino don José de San Martín. Este
primitivo símbolo patrio había sido costeado de antemano por el mismo Quesada y
Valiente y fue confeccionado por su esposa doña Jacoba Bernuy de Quesada y su
hermana doña Manuela Antonia Quesada y Valiente.
Mansión histórica conocida como casa
“Leguía- Cúneo”, y que fuera declarada Patrimonio Cultural de la Nación por el
entonces Instituto Nacional de Cultura, según Resolución Jefatural N° 009,
emitida el 12 de enero de 1989.
Si bien es cierto esta vieja mansión se
encontraba, desde hace algún buen tiempo atrás, en muy mal estado de
conservación, no cabe duda que los encargados de su intervención sorprendieron
a los que la habían adquirido, y con el cuento de "desmontar" los
gruesos muros de adobe de su imafronte o fachada principal para su futura
"restauración", la echaron por los suelos en el 2011. Esta
desaparecida casona lambayecana ostentaba la portada ornamental más
significativa de la costa norte del Perú.
En esta casa vivió también el magistrado,
literato e historiador lambayecano Dr. Germán Leguía y Martínez, hijo del
abogado lambayecano don José Ramón Germán Leguía y Haro y de doña María Matilde
Martínez Bullón. En comunicación personal el abogado, investigador y profesor
universitario Freddy Ronald Centurión González, nos manifestó: que muerta
prematuramente doña María Matilde, don José Ramón Germán contrajo segundas
nupcias con doña Ignacia Vargas Machuca. De esta unión nació doña Águeda Leguía
Vargas Machuca, que casó con Agustín Cúneo Guía. Por el año de 1928, la casa
pertenecía a doña Águeda Leguía de Cúneo, hermana de padre, se entiende, del
Dr. Germán Leguía y Martínez.
![]() |
| Casa "Leguia - Cúneo" (Brüning 1916) |
Pero a pesar de todos estos lamentables
acontecimientos, también somos testigos del profundo respeto y cariño que
muestran al Patrimonio Cultural inmueble, algunos pobladores de esta generosa y
benemérita ciudad. Un claro ejemplo lo constituye la familia Monteza - Delgado,
que sin contar con ningún apoyo de los entes representativos, con mucho
esfuerzo y con su propio peculio, restauraron, de a pocos, su casa solariega,
adquirida en la década del setenta del siglo pasado a la familia Aurich
Bonilla. Ésta magnífica mansión fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación
por Resolusión Jefatural del Instituto Nacional de Cultura, emitida el 12 de
enero de 1989.
![]() |
| Casa de la familia Monteza - Delgado en Lambayeque |
Otra muestra, es la puesta en valor de la
casa de la Cotera o casa Descalzi. Mandada edificar por don Pedro Fernández de
la Cotera en 1782 y concluida en 1789. Esta hermosa mansión virreinal fue
declarada Patrimonio Cultural de la Nación en 1989. Su restauración corrió a
cargo de sus actuales propietarios. Actualmente en sus remozados ambientes
funciona un restaurante turístico denominado “Casa Desclazi”.
![]() |
| Casa Descalzi |
Sumemos también a ellas la restauración
de la vieja casa "De la Piedra", declarada Patrimonio Cultural de la
Nación en 1989. Su puesta en valor se debe exclusivamente a sus actuales
propietarios, el matrimonio conformado por Aldo Gatti y Piedad Pareja Pflucker.
En la actualidad sus evocadores ambientes albergan la "Hostería San
Roque", denominada así por encontrarse situada en la arteria principal de
la ciudad de Lambayeque, denominada originariamente como calle "San
Roque", hoy "2 de Mayo".
La misma pareja de esposos reconstruyó el
viejo edificio republicano ubicado en la calle "8 de Octubre" N|°
510-532-534, al que denominamos casa "Muga-Romero", porque descubrí
que el matrimonio compuesto por don Manuel Muga Ariza y doña Jacinta Romero
fueron los que mandaron edificarla en 1851, sobre el terreno que albergara a la
desaparecida ramada de Santa Lucía.
![]() |
| Hostería "San Roque" en Lambayeque |
Agreguemos también, la atinada
restauración de la fachada principal de la casa de la familia Grandez -
Orbegoso, situada en la antigua calle de "las Tres Cruces", hoy calle
"Junín", signada con el N° 446, y que fuera declarada Patrimonio
Cultural de la Nación según Resolución Jefatural Nº 009 – INC, del 12 de Enero
de 1989. La refaccción de la fachada de
la antigua casa, de finales del siglo XVIII, donde funciona el Instituto
Educativa Particular "Independencia", ubicada en la esquina que
forman las calles "8 de Octubre" N°295 y "Bolognesi", y
la refacción del antiguo inmueble
denominado "Casa Peralta", en alusión al apellido de sus actuales
propietarios, ubicada en la antigua calle "Real de Mercaderes", hoy
"8 de Octubre", en ésta ciudad. Estas dos últimas también declaradas
Patrimonio Cultural de la Nación en 1989.
![]() |
| Casona sede de la Institución Educativa Particular "Independencia" |
Y, para terminar, la actual refacción que
se viene ejecutando - a iniciativa de su actual propietario el ingeniero Martín
Gavidia Oneto - al interior de la casa "Oneto" situada en la calle
"2 de Mayo" N° 461, de ésta ciudad. También declarada Patrimonio
Cultural de la Nación en 1989. Esto, a las finales, resulta muy gratificante.
![]() |
| Casa Grandez - Orbegoso, en vista tomada en el 2010 |
![]() |
| En primer plano la casa "Oneto" (2015) |
En tanto, la Municipalidad Provincial de
Lambayeque mandó elaborar, en el 2008, los proyectos de restauración y puesta
en valor de la antigua casa de la Logia o casa Montjoy, y de la vieja ramada de
San Pedro o Capilla San Francisco de Asís. La primera se inauguró con singular
éxito en septiembre del 2010, y la segunda recién abrió sus puertas, después de
la reconstrucción de su capilla baptisterio, en diciembre del 2016.
![]() |
| Casa de la Logia o Casa Montjoy (2010) |
Desgraciadamente, los trabajos de agua
potable, desagüe y alcantarillado, a que fue sometida la ciudad por espacio de
casi cuatro años, resintieron los gruesos muros de adobes de la fachada y
segundo piso del lado Oeste de la casa de la Logia o Montjoy. La falta de un
adecuado mantenimiento y la proliferación de oficinas al interior de sus
remozados ambientes, permitieron también su prematuro desgaste. ¿El daño es
irreversible? claro que no. Debemos exigir que se tomen las medidas pertinentes
para que se intervengan, de una vez por todas, las partes afectadas de este
viejo inmueble, y, así, devolverle nuevamente el brío que se logró, con mucho
trabajo, hace seis años atrás.
![]() |
| Nave de la restaurada ramada de San Pedro o Capilla San Francisco de Asís |
Lo hemos dicho en más de una oportunidad,
debemos tomar consciencia en el sentido de que a una ciudad como Lambayeque no
le queda otra salida más patente, oportuna y eficaz, que la de mirar en el
turismo cultural - en parte de esa tan mentada y retributiva industria “sin
chimeneas” - como uno de sus renglones más representativos. A esta noble oferta
debe enfilar sus baterías para su progreso y desarrollo sostenible.
Para lograr esta meta las autoridades que
rigen los destinos de esta ciudad deben asumir con seriedad y responsabilidad
la pronta recuperación de lo que aún se conserva de su denominado “centro
histórico”, con la única finalidad de prepararlo para ello.
Somos conscientes de que la tarea es
ardua y nada facil, el centro histórico de esta ciudad – vestigio de nuestro
opulento ayer - está en franca decadencia, y clama ¡a viva voz! se le preste -
en el más breve y urgente plazo - un poco más de atención.
La cara experiencia nos dicta que
mientras no haya consenso entre la población, las instituciones públicas y
privadas, nada se puede lograr. Se debe trabajar en conjunto y
desinteresadamente para lograr este propósito.
Es a partir de estas premisas que las
autoridades deben comprender que todo lo dicho no se trata de mero
romanticismo, ni de impedir el avance de la ciudad, ni mucho menos detener su
desarrollo ¡en buena hora!, de lo que se trata es que este avance sea en
concordancia con los derechos de nuestros sentimientos e idiosincrasia, éstos
de ningún modo deben ser vulnerados. La ciudad de Lambayeque tiene
características propias, posee una identidad que se debe respetar
Se debe aplicar, siquiera, una política
preventiva para que este legado patrimonial no desaparezca, dejándonos tan sólo
el vago recuerdo de su grandeza y esplendor. No se debe, por ningún motivo,
seguir corriendo el riesgo de que el abandono, la indiferencia y esa locura
modernista terminen con el pequeño acervo que por raro sortilegio ha escapado a
la vandálica destrucción y el mal gusto
También lo hemos dicho en más de una
oportunidad: se debe elaborar cuanto antes una propuesta de reglamentación
edilicia, que cautele estos bienes patrimoniales tal y como se ha hecho en
otras ciudades del país. Con este instrumento se protege, asegura y evita la
alteración de los monumentos existentes, entendidos en su contexto general y no
solamente el edificio aislado o sus detalles.
Pero a la par, se debe aplicar también
una política agresiva de apoyo logístico – tan necesario - asesoramiento y exoneración de ciertos pagos tributarios a
los propietarios de inmuebles declarados como Patrimonio Cultural de la Nación,
en ésta ciudad, para que sí, pese a esto, contravinieran las ordenanzas,
aplicarles todo el peso de las leyes vigentes.
Esperemos que mientras esto ocurra, ojalá
la guachafa "piqueta del progreso" no siga clavando su guadaña en
ésta "evocadora" ciudad, como pomposa y orgullosamente también
solemos denominarla. Porque, al final, si esto pasa, los que nos sucedan se
preguntarán ¿EVOCADORA DE QUE?
![]() |
| Por: Jorge Izquierdo Castañeda |


















Publicar un comentario