El debate
sobre la reforma electoral se anuncia que será tempestuoso porque requerirá de
la actual clase política grandes dosis de altruismo y desprendimiento, al punto
que la lleve a posponer sus intereses particulares en aras de una causa
nacional de la más alta importancia para la gobernabilidad. La cuestión que uno
se puede plantear respecto a este asunto crucial es si el actual elenco de
políticos dará la talla para emprender las urgentes reformas que garanticen un
nuevo sistema político más representativo y funcional.
El síntoma
de esta tensa situación es que apenas en los escarceos del debate, cuando la
Comisión de Constitución recién ha empezado a definir la agenda de la
discusión, ya se han producido colisiones y disidencias que han afectado la
hasta ahora granítica unidad de Fuerza Popular, la mayoritaria fuerza de
oposición en el Congreso de la República. La congresista de la mayoría Patricia
Donayre, encargada de elaborar una propuesta de reforma electoral al frente de
una comisión multipartidaria, perdió los papeles en una sesión de la Comisión
de Constitución y enrostró a su presidente Miki Torres que actúa movido por
intereses de una cúpula, en clara alusión a Keiko Fujimori, quien dejó entrever
manipulaba entre bastidores la agenda de esta comisión.
El tema,
según los especialistas, está desde un comienzo mal planteado, pues no se ha
previsto que previo a la reforma electoral se requiere unas reformas
constitucionales para reimplantar, por ejemplo, el bicameralismo y el distrito
uninominal para mejorar los mecanismos de representación política. La comisión
presidida por la congresista Donayre, en todo caso, tenía a su cargo plantear
propuestas de reforma con alcances muy limitados.
De ahí que
pareciera una sobrerreacción de la parlamentaria armar un escándalo y
abandonara la sesión, formulando graves acusaciones que pocas horas después ha
tratado de bajar el tono y minimizarlas. En realidad, la reforma política
integral, que comprende medidas de fondo y de carácter electoral, será una
prueba para los políticos.
La
sensación generalizada en la ciudadanía es que se trata de un debate que se
realiza en las cúpulas partidarias y que ella está excluida de este gran debate
que concierne a un proyecto de carácter nacional. Hasta ahora la discusión se
ha constreñido a la consulta a los políticos actuales, a recoger propuestas de
organizaciones no gubernamentales y a expertos electorales, pero no se ha
bajado al llano para realizar una escucha activa de las opiniones y
percepciones de los ciudadanos.
La
preocupación es que de nuevo perdamos la oportunidad de hacer una reingeniería
del sistema político que permita recuperar la confianza ciudadana, sin la cual
ningún gobierno podrá ejercer su mandato con la estabilidad y predictibilidad
necesaria para conducir los destinos del país. Se requiere menos
susceptibilidad personal y dejar de lado los cabildeos para cumplir el mandato
de la realidad que exige no un maquillaje institucional sino una remoción de
las estructuras y de los usos y costumbres para salir de la crónica crisis
política que amenaza con paralizarnos y hacer retroceder a épocas pretéritas.

Publicar un comentario