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| Foto: Andina |
Francisco visitará el Hogar de Cristo, la mayor entidad de
ayuda social en Chile, que atiende cada año a unas 37.000 personas: ancianos,
niños, sin casa o drogadictos.
"Son parte de los más pobres entre los pobres en Chile",
dice a la AFP el sacerdote Pablo Walker, capellán del Hogar de Cristo, una
institución fundada en 1944 por el jesuita Alberto Hurtado, el primer santo
chileno.
En el oeste de Santiago, un lugar poco visitado por los
turistas que cada vez llegan más numerosos a la capital chilena, están las
oficinas centrales del Hogar de Cristo y el santuario del padre Alberto
Hurtado.
Allí, Francisco se reunirá el próximo martes con un pequeño
grupo de "acogidos" por la institución para conocer de primera mano
sus historias y compartir un mate y unas típicas sopaipillas (una masa frita).
Son ellos quienes encarnan el rostro menos visible de Chile,
el país con mayor ingreso per cápita de la región (cerca de 20.000 dólares) y
el segundo con menor pobreza pero, a su vez, uno de los más desiguales, como
resultado de la severa aplicación de políticas neoliberales.
"La pobreza en Chile tiene el rasgo de la derrota,
porque hay un relato de país en el que quien quiere conseguir algo lo puede
hacer. Entonces, los pobres no pudieron hacerlo", agrega Walker.
"Pobreza disfrazada"
La pobreza en Chile ha caído del 40%, a principios de los
años 90, al 11.7% actual, muy por debajo del promedio de América Latina, donde
el índice aumentó en 2016, alcanzando a 30.7% de la población (186 millones de
personas).
Pero en Chile hay "una pobreza disfrazada", dice a
la AFP el sacerdote jesuita Felipe Berríos, que pasó una temporada en África y
vive hoy en uno de los asentamientos más pobres del país, levantado sobre un
basural en el norte de Chile.
"Ciertamente el país tiene mejores estándares en
hospitales o establecimientos educacionales pero a diferencia de lo que a mí me
tocó ver en África, donde no había nada, ésta es una pobreza con cosas; acá la
gente tiene cosas pero es pobre", describe el sacerdote.
Y es que el consumismo -favorecido por el gran acceso al
crédito- ha provocado el "espejismo" de pensar que Chile le ha ganado
el combate a la pobreza extrema, dice el religioso.
Quienes por años fueron dejados de lado recibían basura o lo
que les sobraba a otros, pero ahora pueden comprar algo nuevo aunque sea en
muchas cuotas, ejemplifica el sacerdote, fundador de la iniciativa
"Techo" que ha levantado viviendas sociales en toda América Latina.
Según datos de la Fundación Sol, casi 11 millones de
chilenos (de un total de 17,5 millones) tienen algún tipo de deuda.
Eso hace que aun trabajando muchos sigan siendo pobres,
afirma Recaredo García, economista e investigador de la Fundación Sol, que
calculó que sin subsidios o transferencias estatales, la pobreza en Chile
afectaría al 26,9%, y en el caso de las mujeres al 28%.
"Cuando se habla del crecimiento económico de Chile de
las últimas décadas y que el resultado de este modelo neoliberal ha sido
mejorar el poder adquisitivo de las personas y sus condiciones de vida, la
evidencia empírica nos indica que no ha sido así", concluye García.
La mayoría de los beneficios del crecimiento económico de
Chile se han concentrado en los sectores más ricos del país.
Un reciente estudio del Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) identificó que 33% del ingreso que genera la economía chilena
lo capta el 1% más rico de la población.
El 0,1% del segmento más rico, unas 10.000 personas,
concentra el 19,5% del ingreso.
Frente al 90% de los trabajadores de clase media alta que
asegura que su salario le alcanza bien para vivir, un 47% de los encuestados de
clase más baja lucha por sobrevivir.

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