(Lucidez) A lo largo de mis años siempre he escuchado frases como “no te dediques a la política”, “la
política no da plata”, “solo los terroristas hacen política”, entre otras
cosas, que por cierto me parecen frases muy injustas. Injustas porque creo que
los peruanos no merecemos estar en la situación en la que nos encontramos,
gobernados por un ejecutivo que negocia bajo la mesa y por un legislativo que
trata de atropellar e impedir el desarrollo del país.
La cereza que coronó el pastel fue la
noticia en donde se revelaron vídeos en los que se evidencia, a dos días del
debate de vacancia en el pleno del Congreso de la República, cómo es que Kenji
Fujimori acompañado de algunos congresistas de su bancada tratan de comprar el
voto del parlamentario Mamani, a cambio de la realización de algunas obras en
la región de este último, por parte del ejecutivo.
Todos los peruanos creíamos que desde el año 2000, la democracia se fortalecería, que – tal vez- íbamos a tener mejores gobiernos de los que habíamos tenido hasta el siglo pasado, que iban a gobernarnos ciudadanos con real vocación de servicio a la patria; sin embargo, fue un engaño que vivimos durante 18 años. No es posible que, nuestro primer presidente elegido democráticamente Alejandro Toledo (después de la dictadura vivida en los años 90) se encuentre con una orden de prisión preventiva; Alan García se encuentre en calidad de investigado; Ollanta Humala se encuentre en el penal Barbadillo, y finalmente nuestro actual Presidente de la República, se encuentre con serios cuestionamientos por relaciones con la empresa Odebrecht. No contento con eso, realiza negociaciones bajo la mesa para indultar al exmandatario Fujimori, así como votos para que algunos parlamentarios voten en contra de su vacancia.
Todos los peruanos creíamos que desde el año 2000, la democracia se fortalecería, que – tal vez- íbamos a tener mejores gobiernos de los que habíamos tenido hasta el siglo pasado, que iban a gobernarnos ciudadanos con real vocación de servicio a la patria; sin embargo, fue un engaño que vivimos durante 18 años. No es posible que, nuestro primer presidente elegido democráticamente Alejandro Toledo (después de la dictadura vivida en los años 90) se encuentre con una orden de prisión preventiva; Alan García se encuentre en calidad de investigado; Ollanta Humala se encuentre en el penal Barbadillo, y finalmente nuestro actual Presidente de la República, se encuentre con serios cuestionamientos por relaciones con la empresa Odebrecht. No contento con eso, realiza negociaciones bajo la mesa para indultar al exmandatario Fujimori, así como votos para que algunos parlamentarios voten en contra de su vacancia.
Creo firmemente que el
problema no es el sistema (como tal vez muchos dicen); sino, las personas que
integran nuestras instituciones, los ciudadanos que se encuentran en el
legislativo, en el ejecutivo y en demás organismos públicos.
La participación en política,
hoy en día, considero que es un deber ciudadano, ya sea desde partidos
políticos o desde organizaciones civiles. No podemos ser ajenos, como jóvenes,
a la realidad por la que estamos viviendo en el país, darle la espalda a un
gobierno y a un congreso que no están trabajando para el Perú, sino para
intereses personales, sería un grave error. Necesitamos de jóvenes que tengan
vocación de servir y no de servirse de la política. Muchos, tal vez, se
desanimen por considerar que la política es sucia y que ya es irreversible la
situación en la que el país se encuentra; sin embargo, a todos ellos quisiera
decirles que si se apartan de la política jóvenes capaces y honestos, dejaremos
el rumbo del país en manos de los mismos políticos de siempre o de gente
incapaz y deshonesta.
Según datos del Instituto
Nacional de Estadística e Informática (INEI), hacia el 2017, los jóvenes en el
país representaban el 27% de la sociedad peruana, somos 8 millones 441 mil
ciudadanos jóvenes, que no es que sea “importante”
que participemos en política, que planteemos soluciones para los problemas que
acontecen a nuestra sociedad, sino que es necesario hacerlo.
Como diría el filósofo
británico Edmundo Burke: “Lo único
necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada”. Es por
ello que a través de este artículo hago un llamado a todos los jóvenes del país
a que podamos trabajar por el Perú, dejando las diferencias ideológicas de
lado, para forjar una sólida democracia logrando reducir y/o erradicar ese mal
que tanto nos aqueja: la corrupción.

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