- Tras sus imponentes victorias ante Croacia e Islandia, la selección ilusiona a toda la hinchada ferviente por una participación histórica en el Mundial de Rusia 2018.
Sin exagerar,
Perú se ha vuelto un equipo durísimo para cualquiera. No hay necesidad de
dejarse llevar por el polémico ranking FIFA en el que estamos en el puesto 12
del mundo, lista que coloca, por ejemplo, a Túnez e Islandia por encima de
Italia y Holanda. Solo hay que desmenuzar cada partido que nuestra selección ha
disputado en el último año y medio. Las victorias históricas ante Ecuador y
Paraguay de visitantes, por ejemplo. La vuelta que se le dio al partido contra
el duro Uruguay. El empate en Buenos Aires ante la Argentina de Messi,
etcétera. Haber pasado todo el 2017 invictos habla de un cambio, arrancando por
la cabeza.
Ricardo Gareca ha convencido a todo un plantel (ojo, no solo a los
once que inician) de que hay una manera de sentir este deporte con la camiseta.
Y, pese a las críticas en su primera etapa post Copa América de Chile (2015),
supo cambiar y mover bien sus piezas. ¿Podemos decir que la selección es un
equipo defensivo? ¿Uno ofensivo? ¿Uno que sabe pararse bien atrás? ¿O uno que
ha sabido sumar un poco de todo lo anterior? Después de la resaca mundialista y luego de 36
años de sequía, el equipo del “Tigre”
convirtió aquella última duda en afirmación.
El pasado viernes 23, fuimos
testigos de lo que vendrá, en primera instancia, el 16 de junio ante Dinamarca
en el Mordovia Arena de Saransk, Rusia. Croacia fue el rival. Una potencia
europea en constante crecimiento por la cantidad –y calidad– de estrellas que
ha creado en los últimos años. Luka Modrić (Real Madrid), Ivan Rakitić
(Barcelona), Mario Mandžukić (Juventus) e Ivan Perišić (Inter de Milán) son
solo algunos de los nombres del cuadro balcánico dirigido por Zlatko Dalić. A
priori, los europeos eran los grandes favoritos para llevarse la victoria, pero
Perú demostró por qué se clasificó a la Copa del Mundo en la CONMEBOL, la zona
clasificatoria más dura del planeta.
Tras la victoria de 2-0 ante los
croatas, se consolidaron ciertas certezas sobre la selección.
Confirmamos que
no nos amilanamos frente a un equipo importante. Comprobamos que al equipo de
Gareca le interesa plantear su idea de juego, juegue con quien juegue.
Demostramos que tenemos banca: Santamaría, defensa del Puebla mexicano,
reemplazó –y debutó como titular– en este partido al lesionado Alberto
Rodríguez. Y lo hizo de manera sensacional. Entraron bien, una vez más, Araujo
y Aquino. Volvió después de mucho tiempo Benavente, tal vez el peruano con más
actuaciones destacadas en Europa esta temporada. Y demostramos que podemos
plantear otro tipo de juego sin el capitán Paolo Guerrero, abriendo el abanico
de posibilidades de cara al mundial.
Los pibes de
Gareca se enfrentaron a Islandia, rival escandinavo que debutará por primera
vez en el Mundial de Rusia y que tuvo su primera prueba ante México (reprobó al
perder 0-3). Aun así, ni la selección ni los hinchas están para mirar por
encima del hombro a nadie.
Se ganó 3 a 1 y con ello se terminó la gira en
calidad de invictos.
Si hay algo que podemos proponer para
que Perú sea aún mejor, ése es el tema de las transiciones. Cuando el equipo
está atacando y debe regresar a defender, suele costarle un poco el retroceso.
Habrá que tener cuidado con eso cuando enfrentemos a la Francia de Mbappe,
Griezmann, Dembelé y compañía. Desde la otra orilla, las transiciones al
momento de atacar no se ven mal, aunque se debería hacer con mayor sorpresa,
sobre todo desde los laterales.
El futuro es alentador, porque así lo
demuestran Gareca, su comando técnico y los jugadores con su compromiso y
predisposición al trabajo. Siempre con los pies sobre la tierra y con hambre de
más. Y pensar que antes era un martirio para los futbolistas ir a la Videna.
Ahora, los que no están, quieren volver. Para este grupo el cielo es el límite.




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