"El
atropello de los hechos y de la verdad busca retirar al presidente de la vida
pública, impedirle continuar prestando relevantes servicios al país", afirma el comunicado enviado en la
noche del viernes.
Esta es la
primera reacción oficial de la Presidencia después de que la policía detuviera
el jueves a varios allegados de Temer y empresarios por una causa que investiga
si hubo irregularidades en la concesión de instalaciones portuarias.
La operación
fue autorizada por el juez del Supremo Tribunal Federal (STF) Luís Roberto
Barroso, quien investiga si Temer recibió sobornos para emitir en mayo de 2017
un decreto con el objetivo de beneficiar a compañías de este sector.
Los últimos
avances de la Fiscalía, según varios analistas, podrían anteceder a una tercera
denuncia por corrupción contra el mandatario. Temer se convirtió el año pasado
en el primer presidente de la historia de Brasil en ser acusado formalmente
durante el cargo, pero ambas denuncias fueron bloqueadas en la Cámara de Diputados.
La defensa
de Temer siempre consideró una "farsa" aquellas acusaciones,
argumento que recoge de nuevo el comunicado de la Presidencia.
"Sin
tener hechos relevantes que investigar, autoridades intentan crear narrativas
que generen nuevas acusaciones (...) Intentan una vez más destruir la
reputación del presidente Michel Temer. Usan métodos totalitarios",
asegura.
El texto
comienza argumentando la inocencia del mandatario en esta trama que investiga
si la empresa Rodrimar pagó propinas para aumentar la duración de sus
concesiones en el Puerto de Santos (sureste), para lo que aporta trechos de la
legislación.
Sin embargo
para la Presidencia esta nueva ola de acusaciones solo tiene un objetivo:
acabar con las intenciones de Temer de presentarse a las elecciones de octubre.
"Bastó
la simple mención de la posible candidatura para que fuerzas oscuras surgieran
para tejer nuevas tramas sobre viejos enredos maledicientes", asegura.
Pese a sus
bajos índices de popularidad, Temer adelantó en una entrevista la semana pasada
su intención de ser candidato a las elecciones, cambiando así la posición que
mantenía desde su llegada al poder en 2016 tras la destitución de la
izquierdista Dilma Rousseff, de quien era vicepresidente.

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