El Estado peruano manejado por una claque
política en decadencia, vergonzantemente secuestrada por la progresía caviar en
conjunto con una concentración mediática más parametrada que la prensa que
confiscó Velasco y más digitada que los periódicos, radios y televisoras que
compró y dirigió Montesinos– sencillamente no funciona para la ciudadanía.
Excepto, claro está, para esa cúpula de jerarcas caviares políticamente
correctos que a través de Valentín Paniagua, Alejandro Toledo, Ollanta Humala
–y Pedro Pablo Kuczynski– se apoderaron escandalosamente de este país desde que
colapsara el régimen fujimorista.
En consecuencia la suma de todos estos hechos –el mensaje
antisistema concatenado a la indignación social por la parálisis estatal
graficada en el caos en unos hospitales que no atienden a los enfermos; unos
colegios que no enseñan ni tampoco educan; un calamitoso sistema de transporte;
una brutal inseguridad ciudadana; una catastrófica exhibición del desempeño
tanto de la Fiscalía como del Poder Judicial que dejan en libertad a
delincuentes flagrantes y se comportan cada vez más permisivos tanto con los
tagarotes ligados al affaire Lava Jato como a
los demás escándalos de corrupción que hasta hoy tienden a quedar impunes–,
todo esto, reiteramos, conforma la tormenta perfecta de cara a las elecciones
de 2021. La prédica antaurista se resume en “la
nacionalización de todo, absolutamente todo lo que se ha “extranjerizado”, empezando por todo lo “chilenizado”. Claro
remedo del viejo plan Inka de Velasco Alvarado. Es más, el imputado por
asesinato de policías en el asalto que perpetró a la comisaría de Andahuaylas en
connivencia con su hermano Ollanta plantea pena de muerte para las autoridades
que cometan delito de corrupción. “Escarmiento histórico”, dispara Antauro, para acabar
apuntando a los medios de comunicación “cuyos dueños se vendieron a
Montesinos y luego fueron cómplices de los “presidelincuentes
de Lava Jato”. Sin duda asimismo le pone la
puntería a lo que llama “la minería transnacional libre saqueadora”, y sentencia que “no
habrá ningún extranjero trabajando en el Perú mientas esté un solo peruano sin
trabajo”.
También advierte que acabará “con todos los peajes en el país”. Concluye planteándole al
presidente Vizcarra que capitanee una cruzada anticorrupción vía “el
internamiento inmediato del norteamericano PPK en la Diroes, el retorno del
japonés a su celda, la urgente extradición de Toledo”, e
incluso la captura de Morales Bermúdez.
Si la
propuesta antaurista es un aggiornado refrito del Velasco-chavismo, su discurso
toca acertadamente la inflamada fibra de la sociedad. Una sociedad indignada
por la coyuntura. En consecuencia constituye un mensaje esperanzador para
muchísimos pobladores defraudados del centro político. Inconcebiblemente,
habiendo significativas verdades en el diagnóstico antaurista sobre la
podredumbre, el centro fue incapaz de denunciarlo, transpirando no solo miedo
sino complicidad. Aquello coloca en carrera a Antauro para el 2021.

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