El sueño de la
séptima se desvaneció por tercera vez
* Hubo
incidentes, represión y muchos argentinos no pudieron ingresar al estadio.
* La
irresponsable cachetada y expulsión de Fabra.
El viaje de
Boca a Rio de Janeiro y la ilusión de la séptima Copa
Libertadores terminó con el final más triste, una derrota 2-1 en el alargue
contra Fluminense que es un puñal al corazón de todos los hinchas xeneizes
que coparon el Maracaná y las playas cariocas.
La peregrinación
comenzó muy pero muy temprano, tan anticipada fue la salida para los hinchas de
Boca desde Copacabana al Maracaná que llegaron una hora antes que se
abrieran las puertas del mítico estadio inaugurado en 1950 para el mundial,
trágico en estas tierras. La organización habilito accesos en forma anticipada
para evitar accidentes, pasadas las 12 horas, sin embargo, el bochorno y el
despropósito de la Conmebol llegaría después.
No fue en paz el
arribo de la parcialidad boquense: se vivieron momentos de tensión en algunos
ingresos, con gases lacrimógenos y palazos de la policía, que parece reprimir
con placer. En las calles de Rio se volvieron a registrar ataques arteros de
las barras de Fluminense, una constante de estos días de caos absoluto y
desconcierto de partes autoridades.
Lo peor se dio
una vez comenzado el partido, con gente a la que no se le permitía el ingreso a pesar de que mostraban
sus entradas, documentos y esos malditos QRs. Pibes y muchachos más
grandes, todos llorando, exigiendo explicaciones y respuestas que ya nadie les
va dar.
Mientras tanto, el balón se echaba a rodar sobre el césped del Maracaná, que cerró sus puertas con todo un sector vació sin cubrir. Vergonzoso.
Una Copa
Libertadores gigante, en uno de los rincones, quedó casualmente de lado de
Boca, que copo su sector detrás de uno de los arcos. Los trapos que se ven en
la bombonera estuvieron en La tierra carioca: Budge, Boulogne, San Justo, entre
otros, y el más famoso de todos. “Jugador numero 12 Pte.”. La barra liderada
por Rafael Di Zeo, y Mauro Martin llego a la cancha caminando y a los
gritos, con la llamativa compañía en primera fila con el periodista Diego
Brancatelli.
El “pongan
huevos que ganamos” del segundo tiempo saco a Boca del fondo y lo empujo a
ir en busca del empate. Y el gol de Luis Advíncula llego en el momento justo,
para callar el delirio de los brasileños que cantaban contra los “argentinos,
filhos da puta”. EL peruano mudo el Maracaná.
El “Dale, dale Boooo” retumbaba en las
tribunas copadas por hinchas azul y oro, pero el futbol se juega con los pies,
más allá de los designios de los astros y la numerología, apareció un menino
con nombre yanqui John Kennedy, con un derechazo inatajable conquisto el gol
brasileño.
Para Boca, el sueño herido de la séptima que se vuelve a postergar y un viaje de regreso a casa interminable, lamentando lo que no pudo ser, ¡la gran siete!.



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