“Es
inaceptable que el presidente de un poder del Estado gatille una campaña contra
un medio de comunicación para que este desaparezca. ¿Alguien escuchó el eco del
autoritarismo fujimorista de los 90?”.
(ElComercio) Era un
caso inédito: voces irreconciliables en el campo político lo hacían esta vez en
defensa de la mujer y en contra de un claro ataque sistemático a las damas
representantes del fujimorismo, camuflado en un humor anacrónico, de mal gusto,
pero sobre todo agraviante.
Las redes
sociales, tan eficientes para generar reclamos y movilizaciones ciudadanas,
parecían arrinconar al semanario “Caretas”, al
periodista Rafo León y a su China Tudela. La sensibilidad estaba justificada,
somos un país que se va sacudiendo del silencio y denuncia cada vez más la
violencia física y verbal contra la mujer, así como la discriminación.
Pero el
milagro de octubre que logró la unión de progres y conservadores, de
simpatizantes y detractores del fujimorismo, se esfumó al entrar el presidente
del Legislativo en escena. Luis Galarreta, en conferencia de prensa, llamó a un
boicot publicitario contra la revista “Caretas” y eso en
cualquier parte del mundo se llama CENSURA, así en
mayúsculas.
Es
inaceptable que el presidente de un poder del Estado gatille una campaña contra
un medio de comunicación para que este desaparezca. ¿Alguien
escuchó el eco del autoritarismo fujimorista de los 90?
Sorprendentemente,
a favor de la libertad de expresión derecho básico del ser humano, no hubo un
solidario frente, sino más bien se formó una barra brava que vitoreaba la
afrenta constitucional y el mal ejercicio de poder.
Hay una
delgada línea que Galarreta, zorro viejo de la política, sabe que no debe
pasar. Esa línea no solo la traza la Constitución sino también su investidura
como máxima autoridad del Congreso de la República. No es el reclamo de un “ciudadano más”, como sus correligionarios
argumentan ante semejante abuso de poder.
Este torpe
reflejo ocasionó que la opinión pública, atrincherada a favor de las mujeres
del fujimorismo, desista de la batalla. Se perdió la oportunidad de obligar a “Caretas” a una muy necesaria reflexión
sobre el respeto a la mujer, pues tal como lo ha reconocido el mismo director
del semanario, Marco Zileri, en una entrevista publicada en "La República", los adjetivos son
insultantes. Tal confesión de parte bien podría ser utilizada por las
agraviadas para recurrir a la vía legal, el camino correcto en un Estado de
derecho.
La voz de
la ciudadanía debe ser potente para rechazar estos insultos, aun en clave de
“humor” pero también para denunciar el llamado a boicot del presidente del
Congreso. No se trata solo de “Caretas”, se trata
de defender la voz de todos y cada uno de nosotros, porque una censura abre la
puerta a una dimensión oscura y no tenemos que mirar a Venezuela para buscar un
ejemplo, la mordaza la tuvimos aquí en casa y nos la puso el gobierno de
Alberto Fujimori.
Nuestra
memoria es frágil pero también el aprecio por nuestras libertades y derechos,
de otra manera no se explica cómo ciudadanos que gozan de los beneficios de un
Estado democrático hoy aplaudan la censura a un medio de comunicación, y hace
algunos meses hayan alentado el cierre del Congreso, porque, ¡atención!, los
rasgos autoritarios no son patentes de la derecha conservadora.
PD. Hay otra reflexión pendiente para los medios
de comunicación y periodistas. Este desencuentro entre prensa y sociedad debe
propiciar una mirada crítica sobre nuestro rol. Hace unas semanas se celebró el
Día del Periodista, podríamos pedir menos fiestas en nuestro honor y más foros
de discusión para poder fortalecernos ante la ciudadanía, porque el poder y sus
afanes de censura siempre estarán al acecho.
Por: Mabel Huertas


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