Tiene alma de militar, se le
nota, le gusta el orden, la disciplina y es un estratega de la seguridad en
establecimientos penitenciarios.
Antonio, “Toño”, como le
dicen en su familia y amigos de confianza, cuenta que es técnico del Inpe
porque ese fue su destino. Hizo servicio militar en la Marina
durante cuatro años, postuló a la Policía Nacional, no ingresó,
y a los meses hizo lo mismo en la institución que lo acoge desde hace 18 años.
Actualmente tiene a su cargo
la seguridad, el orden y la disciplina en el penal del Callao,
antes Sarita Colonia, convertido hoy en una cárcel para reos primarios, es
decir, para los que ingresan por primera vez a un establecimiento penitenciario
por la comisión de un delito.
Antoray Terrones verifica el
número de internos, los cuenta en la mañana y en la tarde, controla el ingreso
de las visitas, evita disturbios al interior del penal y si los hay, coordina
acciones de control con personal del Inpe destacado para apoyar en el lugar.
“La
prevención es nuestra visión de trabajo justamente para evitar disturbios,
por eso realizamos estas tareas, a las que se suman actividades educativas que
programa el Inpe para la resocialización de los presos”, comenta.
Es chachapoyano y educador penitenciario #EsteServidorExiste gracias a él INPE tiene convenios para internos. https://t.co/FFQ6gL8DNi pic.twitter.com/cgGFE3szWk— susana mendoza sheen (@susysheen) 19 de diciembre de 2016
A los 26 años ingresa al Inpe. Hasta ese momento, él desconocía la institución, pero decidió presentarse al examen de ingreso para no perder tiempo, después de no haber pasado la prueba de la Policía Nacional. Era el año 2000, la coyuntura política en el Perú era inestable.
“Como muchos, pensé en
emigrar al año de trabajo porque pensaba que convivir en una cárcel con
delincuentes era peligroso, me atemorizaba. Pero esta percepción fue cambiando
al empezar a tomar conciencia de la función de servicio que tiene nuestra
institución”, recuerda.
Así, a los dos años se
encargó de la alcaidía del penal de Lurigancho, en donde
aprendió “a tener cojones para enfrentar las dificultades del día a día”, pues
la cárcel era tierra de nadie.
“Con mi grupo nos decíamos,
siempre cuando ingresábamos y cuando nos íbamos, todos juntos entramos, todos
juntos salimos”. Los internos eran desafiantes con nosotros”, comenta.
Esperanza y cambios
Toño
también es instructor en seguridad penitenciaria, y
confiesa que tiene fe y esperanza en Dios y en las cosas que están cambiando
para mejorar las condiciones carcelarias de los presos.
“El Inpe es una
institución noble y la hacen personas buenas, comprometidas. También
las hay malas que dañan a la entidad, pero no son la mayoría”, afirma este
esposo y padre de familia, para quien Sara, Sebastián, Alejandra y Antonella
son su fuerza en su andar diario.
Ángel Antonio Antoray
Terrones ha visto mucho en los penales adonde lo enviaron. A sus 44 años
reconoce que los internos de antes eran problemáticos, se cortaban, agredían,
faltaban el respeto. Hoy, muy pocos tienen los brazos cortados y prefieren
evitarse problemas. “Ahora creo que las personas que
delinquen pueden cambiar si se les da la oportunidad y condiciones para
hacerlo”. Toño asume su compromiso.
Hoja de vida
Prestó servicio militar en
la Marina de Guerra del Perú durante cuatro años.
En el año 2000 ingresó al
Inpe como técnico. En el 2002 asumió la alcaidía del penal de Lurigancho.

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