(LaNacion) No hay dudas de que por una razón u otra todo el plantel de Boca se merece
levantar este bicampeonato. Cada integrante, se sabe, es parte del logro. Sin
embargo, también es cierto que una coronación se construye desde ciertos puntos
fuertes. Hay apellidos que se destacaron por sobre otros, incluso sin poder ser
grandes protagonistas por haber sufrido lesiones graves. Pero al fin y al cabo
están dentro de la bolsa de aquellos que fueron verdaderamente esenciales para sumarle
a la entidad de la Ribera una nueva estrella. La N°67.
Fernando
Gago y Darío
Benedetto fueron algunos de ellos pese a haber jugado muy pocos encuentros.
Tuvieron una gran relevancia dentro de un equipo que hoy se permite festejar,
entre otros factores, por la diferencia de puntos que obtuvo en el comienzo del
torneo en el que ambos jugadores se destacaron. A través del fútbol elegante
del capitán, lo que le valió al futbolista de 32 años la citación a la
Selección Argentina, donde se rompió los ligamentos cruzado anterior y lateral
derecho de la rodilla derecha en octubre de 2017, el conjunto de Guillermo
Barros Schelotto exprimió al máximo la idea vertiginosa de los Mellizos. Sus
pases precisos y llenos de calidad le dieron una identidad que, tras su lesión,
ya nunca más pudo encontrar.
En tanto, lo
de Benedetto fue bestial desde los números. La rotura del ligamento cruzado
anterior de la rodilla derecha que sufrió en medio de la derrota ante Racing,
de la 9na fecha, fue un mazazo para el Mundo Boca, que aún intentaba digerir la
baja de su N°5: en un mes perdía a dos nombres pesados que representaban medio
equipo. Tan destacado fue su nivel que sus nueve gritos se mantuvieron en lo
más alto de la tabla de goleadores hasta la jornada N°16.
Con esas impensadas ausencias era una incógnita quién se pondría
al hombro la responsabilidad de tomar el mando y ser el principal protagonista
de las victorias azul y oro. Se pensaba en algún nombre de experiencia, pero
aquello fue solo una insinuación y todo quedó en dominio de un joven delantero
atrevido: Cristian
Pavón . Los
murmullos que generaba a partir de la mala toma de decisiones cerca del arco
rival se transformaron en aplausos y ovaciones: lo que no era auspicioso
terminó siendo determinante. Nunca se escondió, aunque aquello va más allá de
pedir o no la pelota: jugó los 26 encuentros que lleva la Superliga, cifra que
le permitió llegar a los 69 partidos oficiales consecutivos como titular. Un
animal físicamente.
Seis
anotaciones pueden sonar a poco para un delantero tan desequilibrante como él,
pero si aquello está combinado con 14 asistencias entonces tiene un gusto dulce
innegable. Kichán fue un jugador solidario no solo a la hora de ceder festejos,
sino también a través del sacrificio defensivo: un verdadero 7 bravo que hizo
suya toda la banda derecha -o izquierda, según qué exigía cada partido- ya sea
para atacar como para recuperar pelotas. Y eso, en definitiva, se acerca mucho
al ADN xeneize.
Los tres pilares mencionados deberán amucharse dentro del podio,
porque es imposible dejar afuera a Wilmar
Barrios . El colombiano había sido fundamental para conseguir el
campeonato 2016/2017, pero con un sabor agridulce: se había ganado la
titularidad en los últimos cinco encuentros. Esta vez sí tuvo un papel
protagónico porque tan solo faltó en los encuentros ante Argentinos (por
suspensión) y Newell's (por lesión), además de haber reforzado todavía más el
cariño que le tiene el hincha de Boca, que siente que él es la bandera que
mejor representa a la institución. Porque a lo largo del torneo fue ese volante
central típico del club de la Ribera: actitud, sacrificio y un despliegue que
contagiaba a la parcialidad boquense.
En el trabajo por conquistar el anterior título, para Guillermo
Barros Schelotto había sido un dolor de cabeza el funcionamiento de la defensa.
Por eso fue clave la llegada de un zaguero que conocía muy bien de su paso por
Lanús: Paolo
Goltz . El Mellizo
tenía en él la imagen de un referente y futbolista de suma experiencia que
podía acomodar las piezas. Y no se equivocó, más allá de algunos altibajos en
su rendimiento: fue el líder de una última línea que, en ese comienzo
arrollador de ocho triunfos, tan solo había recibido dos tantos en contra.
Las lesiones
también influyeron para ese rendimiento: una sinovitis en la rodilla izquierda
y tres desgarros lo acompañaron a lo largo de la temporada. Sin embargo, su
llegada a la institución fue esencial, sobre todo para armar una zaga central
muy eficaz con Lisandro Magallán.
Detrás estuvo Agustín
Rossi , ese arquero que comenzó bien ubicado bajo los tres palos pero
que fue construyendo dudas y reprobaciones. ¿Grandes responsabilidades en goles
recibidos? Para nada, aunque su mal juego con los pies fue un gran déficit y la
poca resistencia en algunos goles lo pusieron en el ojo de la tormenta.
Pese a lo
dicho, a él también hay que considerarlo parte fundamental de este trofeo.
Porque, pese a sus 22 años, siempre soportó la presión y se mantuvo como
titular en toda la Superliga, en la que consiguió 12 vallas invictas de 26
compromisos.
Gago,
Benedetto, Pavón, Barrios, Goltz y Rossi, la escala de principales intérpretes
de un plantel que ya goza del bicampeonato doméstico.




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