“¿Qué le
pasa al Ministerio Público? ¿Van a mudar su sede adonde quedaba la Inquisición?
¿El visitador Areche se ha reencarnado? ¿Tanto le gustan los aplausos
populistas al MP?”.
Seguimos con el “populismo judicial”, aquel circo
romano que tanto fascina a las masas (y a los medios). Leo que la fiscal Zully
Riveros ha pedido 22 años para aquel juvenil sujeto bárbaro que maltrató a su
novia en Miraflores, arrastrándola de los cabellos como esas caricaturas de los
hombres prehistóricos. ¡Castigo severo
sí, pero tampoco puedes imponerle 22 años como si ese violento fuera un
terrorista, un secuestrador o un homicida! ¡Un poco más y le queman en la Plaza
de Armas o le descuartizan como a Túpac Amaru II! Y ojo que el hecho ocurrió
en octubre de 2017 y la prisión preventiva ha sido extendida hasta abril de
2019.
¿Qué
le pasa al Ministerio Público? ¿Van a mudar su sede adonde quedaba la
Inquisición? ¿El visitador Areche se ha reencarnado? ¿Tanto le gustan los
aplausos populistas al MP?
Hace años metieron presos a un montón de
personas cambiando el verdadero sentido del peculado, para así incluir a
quienes no eran funcionarios públicos. Una atrocidad jurídica que pasó piola
por el deseo de justicia, el ánimo de revancha y la perfidia de los abogados
caviares. Hoy la historia se repite: cualquier cosa es lavado de activos, sin
ni siquiera establecerse el delito fuente o que el acusado supiese o presumiese
el origen ilícito del dinero. Y la masa aplaude eufórica, por ignorante y agraviada,
y los medios callan o incitan, por rating, miedo o complicidad. “Populismo judicial” para extender los
linchamientos, que “eso le gusta a la gente”. Abundan las portadas estridentes
o los silencios vergonzosos. Y en mi vida he visto fuera del Perú que las
encuestas inquieran por la aprobación de jueces o fiscales. ¡Qué bananeros! Idi Amin hubiera
preferido ser peruano antes que ugandés.

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