Agustín Rossi dejó en claro en una
cita cumbre que el arco y la competencia extrema le sientan bien. Tuvo su
revancha en el momento justo.
El manotazo a un ángulo para sacar el tiro libre del Pity Martínez, la estirada para desairar el cabezazo de Borré y el cuerpo para que una nueva volea del 10 de River no sacudiera la Bombonera. Una tarde, la madre de todas las tardes, Agustín Rossi mostró por qué es el arquero de Boca. Si el primer tiempo termino 2-1 para el equipo de Guillermo, además de esa capacidad natural de sus hombres para convertir casi sin necesidad de generación de juego, fue por el joven de 22 años y el buzo verde.
El manotazo a un ángulo para sacar el tiro libre del Pity Martínez, la estirada para desairar el cabezazo de Borré y el cuerpo para que una nueva volea del 10 de River no sacudiera la Bombonera. Una tarde, la madre de todas las tardes, Agustín Rossi mostró por qué es el arquero de Boca. Si el primer tiempo termino 2-1 para el equipo de Guillermo, además de esa capacidad natural de sus hombres para convertir casi sin necesidad de generación de juego, fue por el joven de 22 años y el buzo verde.
El mismo al
que hasta en un momento le iban a traer al mismísimo Buffon para reemplazarlo,
el que se bancó la llegada de Andrada (lesionado por Dedé) y el que también
soportó el arribo de Lampe, el boliviano que por ahora se viene sentando en el
banco sin minutos.
Aunque hayan
existido casualidades, Rossi demostró en la cita cumbre que el arco de
Boca le sienta bien. Y también le sienta bien la competencia extrema y las
miradas no tan indiscretas.
Al final,
Armani le tapó a Benedetto una jugada en modo Armani. Pero Boca se salvó, en el
mejor momento de River, porque Rossi tuvo su gran revancha en el momento justo.

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