En su época los filósofos griegos, Sócrates, Platón y Aristóteles hicieron esfuerzos por definir la política, esfuerzo similar hicieron Maquiavelo y Nolberto Bobbio, coincidiendo con ciertas deferencias en la misma definición. La política es el arte de gobernar, de tomar decisiones ficciosas en provecho del país.
Consecuentemente
no es la política la que pervierte las instituciones, la que alienta la lucha
infraterna entre poderes, ni promueve disociaciones, todo esto lo hace la
politiquería que es una versión perversa de la política y esta es lo que está
sucediendo con el país.
La politiquería
actúa en provecho de unos cuantos que tiene fines malévolos.
Enfrenta las
instituciones la debilitan contraviniendo lo que dijeran los economistas
Acemoğlu y Robinson en su obra “por qué fracasan los países” poniendo como
ejemplo la ciudad de Nogales dividida en dos una mexicana y la otra
norteamericana, la primera es un fracaso y un éxito la segunda. La razón son
las instituciones: Sólida en la segunda y débil en la primera.
La presidente
Boluarte es una de las exponentes más conspicuas de este desaguisado, dijo que
tenía un gran respeto por la Policía Nacional. Falso, ha hecho de ella cera y
pabilo. Salió en defensa de la JNJ (Junta Nacional de Justicia) solo porque su
hermana trabaja allí lo cual, no es una razón de Estado sino una perversa de
corrupción.
Estamos entonces
ante la generalización de la politiquería de la que el Congreso también hace
gala.
Ahí, como un
mercado persa, todo se vende todo se compra. Recordando a Sócrates podemos
decir que el hombre se comporta mal porque es ignorante, su inteligencia
interpreta erróneamente y cree ver el bien cuando en realidad no existe o
considera como bueno algo que en verdad no lo es.
La población
aprecia el bajo nivel cultural de gobernante funcional, congresistas y jefes de
instituciones. Eso no explicaría la persistencia en el error. La prosperidad y
la pobreza pasan por el lado de la preparación que tienen los políticos.
Un mínimo de ley
y orden es el requisito esencial para tener una economía moderna dicen Acemoğlu
y Robinson frase que explica las consecuencias en la politiquería. “Tenemos una
economía en recesión así ella en algunos momentos haya tenido crecimientos aceptables.
La que tenemos no será moderna ni abierta mientras en el interior del país,
como si fueran clanes las instituciones se muestran los dientes.
El poder político
está demasiado disperso y no habiendo liderazgo no existe una autoridad
centralizada que ponga en orden y garantice los derechos de propiedad ni los de
la vida. Así de graves son las consecuencias de haber pervertido la política.
Entonces no es que se haya politizado la justicia, por ejemplo, lo que ha
ocurrido es que quedó atrapada entre las gradas dela politiquería. Con este
desmadre, a que crecimiento podemos aspirar, que capitales pensamos atraer y
que confianza podemos exhibir.
Volvamos la mirada hacia Maquiavelo y hagamos de la política el arte de gobernar. Éxitos y fracasos son las dos caras de la moneda.

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