CHICLAYO: DE LA “ÉPOCA DE ORO” AL REINADO DE LA INMUNDICIA Y EL LATROCINIO

Chiclayo ya no es la "Capital de la Amistad"; hoy es la capital del caos, el monumento a la desidia y el botín de una recua de bandidos que, tras la salida de Arturo Castillo Chirinos, se dedicaron a devorar la ciudad hasta dejarla en los huesos. Mientras las autoridades actuales se esconden tras escritorios llenos de expedientes vacíos, el eco de una gestión con orden y decencia vuelve a retumbar en las calles que hoy solo conocen de huecos y basura.

​En una reciente y punzante entrevista con el periodista Luis Carmona, el exalcalde Arturo Castillo —el último gran gestor que pisó el palacio municipal antes de que se abrieran las puertas del infierno administrativo— no se guardó nada. Con la autoridad de quien gobernó con escoba y mano firme, Castillo desnudó la tragedia de una ciudad que, según sus palabras, "se jodió para siempre" cuando los intereses políticos miserables lo sacaron del camino.

EL REY ARTURO VS. LA RECUA DE BANDIDOS

​La nostalgia de Castillo no es un capricho; es una bofetada a la realidad actual. "Hoy Chiclayo es una ciudad destruida, cochina, llena de ambulantes que ya están por meterse a la iglesia", disparó el exburgomaestre. Y tiene razón. Bajo su mando, Chiclayo proyectaba ser un modelo de ciudad sostenible para América Latina, con el respaldo de las Naciones Unidas y el Banco Mundial.

​Sin embargo, ese sueño fue truncado por una alianza que Castillo califica de criminal. Señaló con dedo acusador a Alan García Pérez y al nefasto Barrueto Sánchez como los autores de una vacancia abusiva que detuvo el progreso para instaurar el "reinado de la corrupción". Desde el 2004, Chiclayo pasó de ser la tercera ciudad del país a disputarse el último lugar en dignidad urbana.

ARBITRIOS DE LUJO PARA SERVICIOS DE BASURA

​La indignación crece cuando se habla del bolsillo del ciudadano. Mientras la actual gestión pretende subir los arbitrios, las calles siguen siendo un muladar. "Es una torpeza pretender cobrar por servicios mal prestados, pésimamente prestados", afirmó Castillo. La lógica es simple, pero parece demasiado compleja para los ineptos de turno: nadie quiere pagar por vivir entre la basura y el asfalto destrozado.

EL LEGADO DEL "PALADÍN DE LA SUERTE" (Y DEL ROBO)

​Castillo recordó que, a diferencia de sus sucesores, él hizo obras sin recibir un centavo del erario público nacional, basándose en la gestión pura. Fue con la llegada de personajes como Roberto Torres González —a quien Castillo bautizó sarcásticamente como el "paladín de la suerte"— cuando empezaron a llover toneladas de dinero que, en lugar de transformarse en pistas, terminaron en maletas y bolsillos privados.

​"Hoy se pierde el dinero público porque no son capaces de ejecutar ni proyectos básicos", sentenció, lamentando que la incapacidad sea ahora el sello de la Municipalidad Provincial de Chiclayo, donde el dinero del FONCOMUN parece diluirse en una burocracia tugurizada y carente de visión.

UN CIERRE CON VENENO POLÍTICO

​Fiel a su estilo, Castillo no dejó pasar la coyuntura nacional, calificando de "burrada internacional" y "actuación delictiva" las recientes movidas turbias en la capital, vinculando esa misma falta de dignidad con lo que vive Chiclayo.

Chiclayo tiene memoria, aunque hoy esté cubierta de polvo y desperdicios. La entrevista de Castillo Chirinos es un recordatorio de que la ciudad supo lo que era el orden, y una advertencia de que, mientras sigan gobernando los "sinvergüenzas que solo llegan a esquilmar recursos", la Capital de la Amistad seguirá hundida en la inmundicia que ellos mismos crearon.

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