Por: Marcos Ibazeta Marino
Es inexplicable
lo que sucede en el país a nivel oficial. Estamos enfrentando una serie de
crisis que no debería tener gran repercusión en nuestro desarrollo, porque
riqueza por explotar existe a montones, capacidad de exportar en gigantescos
volúmenes, tantos bienes como servicios.
Potencialmente seremos el punto de ingreso y
salida de productos hacia Asia, lo que implica la posibilidad de mayores
capitales de inversión, industrias y puestos de trabajo, y no apuramos la
culminación de las obras ni del aeropuerto con sus dos pistas, ni del puerto de
Chancay y menos nos fijamos en el proyecto de Islay cuto escenario ya debería
estar completándose con la construcción de suficiente infraestructura para
facilitar el tránsito de productos de otros países vecinos hacia puntos de
salida exportadora en el nuestro a menores precios y ahorros de tiempo.
El gobierno de la
señora Boluarte no hace nada al respecto y ni siquiera ha podido garantizarnos
la prevención contra el fenómeno El Niño Global, como tampoco h mostrado
signos confiables para la venida de grandes capitales de inversión en minería,
construcción, industrias, agroexportación y tarifas alternativas
productivas que ofrece nuestro país.
Decimos que es
inexplicable lo que nos sucede porque teniéndolo todo para impulsar nuestro
desarrollo en el nivel de liderazgo, en vez de elevar su calidad y
confiabilidad, vemos que va cayéndose en pozo lleno de vergüenzas y deleznables
componendas.
En el Congreso no
es posible que los grupos políticos representados allí elijan presidente a una
persona que tiene tanta historia judicial en su contra, casi todas relacionadas
con su actuar público en la administración estatal. Está bien que la presunción
de inocencia y los posibles archivos de varios procesos aboguen a su favor,
aunque tenga acusaciones que. o llevan a juicios Orales pendientes, porque no
se trata de alguien impoluto, libre de tanta carga, porque para la población
rige el dicho “cuando el rio suena, piedras trae” y que no hay
que ser honrado “sino parecerlo”, de modo que vamos perdiendo el tiempo
en ataques y defensa entre el presidente del Congreso, la opinión pública y la
prensa. La gobernanza y gobernabilidad no les interesa como prioridad.
En la lucha
contra la delincuencia organizada que ha tomado las calles y controla, vía
cupos y sicariato, la actividad social y comercial en todo el país, desde el
Ejecutivo, y la Municipalidad Metropolitana de Lima se propone la salida de
militares en apoyo de la policía a las calles, la creación del tipo penal de
terrorismo urbano para los delincuentes comunes, la tercerización de la
función policial con una especie de
milicia autónoma sin mayor control, a sabiendas que la decisión política
fundamental es si al adoptar cualquier opción sabrán resistir los embates
garantistas de la CIDH y casi segura persecución penal por las oenegés
marxistas de siempre.
“Decimos que es inexplicable lo que nos sucede porque teniéndolo todo para impulsar nuestro desarrollo, en el nivel del liderazgo, en vez de elevar su calidad y confiabilidad, vemos que va cayéndose en pozo lleno de vergüenza y deleznables componendas”.

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