LA POLÍTICA NO ES UN TRABAJO: ES UN OFICIO PERMANENTE

Como funciona realmente el poder, o al menos debería

Martín Barnabé Rivera - Politólogo

En el Perú solemos pensar que el político “trabaja” solo cuando está en el cargo: Cuando va al congreso, al ministerio o aparece en una sesión.

Pero esa idea es engañosa. El político no ejerce un simple trabajo con horario y descanso como si fuese un empleado público más; ejerce un oficio, y como todo oficio real, no se apaga nunca.

Quien no entiende esto termina tomando malas decisiones, primero como elector y luego como político; acabando por pagar las consecuencias en su vida concreta y en la de quienes lo rodean.

Pensemos en alguien que vive de la actividad económica informal: El comerciante, el mototaxista, el emprendedor de barrio, el trabajador independiente.

Esa persona sabe algo muy bien: El oficio no se deja al cerrar el puesto.

Siempre hay que cuidar clientes, proveedores, reputación, contactos y riesgos. Un descuido, y el negocio se cae.

Con el político pasa exactamente lo mismo; o debería pasar lo mismo

El oficio del político no consiste sólo en votar leyes o firmar papeles. Consiste en mantener una posición de poder, sostener apoyos, justificar sus decisiones, edificar alianzas y no perder espacio frente a otros políticos que quieren ocupar su lugar; eso ocurre todos los días y a toda hora.

Gaetano Mosca, en “Elementos de la Ciencia Política”, explica que en toda sociedad el poder efectivo está en manos de una clase política: Una minoría organizada que gobierna a una mayoría desorganizada

Y añade que esa clase política no se sostiene exclusivamente por la fuerza, sino por una fórmula política: Es decir, un conjunto de ideas, discursos y creencias que hacen aceptable su dominio ante la sociedad.

El político, en el ejercicio de su oficio, actúa condicionado por esa fórmula, porque de ella depende su legitimidad y su permanencia dentro de la élite gobernante. No decide en el vacío: Decide dentro de un marco que premia ciertas conductas y castiga otras.

Además, el político no puede “desconectarse”. Cada decisión pública, cada declaración, incluso su comportamiento fuera del cargo, afecta su posición dentro de la clase política. Por eso el oficio es 24/7: Si baja la guardia, otro ocupa su lugar.

Volvamos a la idea inicial: La política no es un trabajo, es un oficio permanente.

Si no entendemos ésto, seguiremos creyendo a improvisados que asumen la política como una cuestión part-time (medio tiempo) o aún peor: Se obtienen políticos que la tratan como un juguete: Lo agarran cuando se acuerdan, juegan un rato y luego lo dejan tirado.

Pero mientras ellos juegan o se van, los problemas siguen ahí. Y esos problemas los paga la gente que no puede darse el lujo de trabajar a medio tiempo.

Por eso, de cara a las próximas elecciones, no se trata solo de votar, sino de entender el oficio del político y exigir reglas que ordenen a la clase política y hagan visible su responsabilidad pública.

Porque cuando nadie quiere asumir lo que es este oficio, quienes terminan pagando el costo-como siempre- son los que trabajan todos los días, sin horario y sin red de protección.

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