Por: Brennan
Barboza Bravo
Hay instantes
que separan la vida de la tragedia definitiva. Una fractura estallada en la
quinta vértebra lumbar, por una caída libre desde un cuarto piso, ponía en
riesgo la movilidad de las piernas de una adolescente de 14 años.
Múltiples
fragmentos óseos que invadían el canal espinal y comprimían las estructuras
nerviosas amenazaban la capacidad de caminar de la joven, cuya tranquilidad y
salud fue devuelta a ella y a su familia por un equipo de médicos
especializados del Hospital Nacional Almanzor Aguinaga Asenjo, que decidió que
esa historia no terminaría en una silla de ruedas y reemplazaron la vértebra
afectada por una fina pieza de titanio.
ENTRE LA
VIDA Y LA PARÁLISIS
El acto médico
fue toda una batalla de precisión quirúrgica, tecnología y, sobre todo, de
profunda humanidad. La operación no solo fue compleja. Se trató de un esfuerzo
sincronizado de los especialistas, que realizaron una maniobra digna de la
relojería fina al desplazar la arteria principal que lleva la vida al cuerpo
para llegar al epicentro del daño.
“El
procedimiento requirió la movilización minuciosa de estructuras vasculares
mayores, como la aorta y los vasos ilíacos, para permitir la extracción de los
fragmentos óseos, la descompresión del canal espinal y el reemplazo de la
vértebra afectada por un cilindro de titanio con injerto óseo sintético”,
señaló el médico neurocirujano Yuri Vladimir Valdivieso Villena, quien lideró
esta cirugía.
Por su parte,
el jefe del Servicio de Cirugía de Tórax y Cardiovascular, Carlos Ledesma
Martin, destacó la importancia del trabajo coordinado para la movilización
segura de las delicadas estructuras vasculares y garantizar la estabilidad e
integridad de la columna vertebral.
A su vez, el
jefe del Departamento de Cirugía II, Henry Becerra Hernández, señaló que este
tipo de intervenciones con abordaje abdominal, cada vez más complejas, se
vienen realizando con mayor frecuencia en los últimos meses, marcando un avance
significativo en las capacidades quirúrgicas del hospital.
“Cada
movimiento era crucial. Estábamos a milímetros de estructuras que, de ser
rozadas, podían cambiar el destino de la paciente para siempre”, coincidieron
en relatar los galenos.
VOLVIÓ A
NACER
Afuera, en los
pasillos fríos del hospital, el tiempo no pasaba en horas, sino en suspiros.
Los padres de la menor, cuya fe se mantenía sostenida por un hilo, no pudieron
contener las lágrimas al ver a su hija dar sus primeros pasos por los pasadizos
del nosocomio. No hay rastro del dolor agónico, solo la emoción de lo que
parece imposible.
“Sentimos que
Dios puso sus manos en las de los cirujanos que operaron a nuestra hija”,
dijeron con la voz quebrada por la gratitud. “Ver a nuestra niña de pie, ver
que recuperó su futuro, es un regalo que no tiene precio. No solo salvaron su
columna, salvaron su vida entera. Gracias por no rendirse, gracias por tratarla
como si fuera su propia hija, muchas gracias a EsSalud.”
Tras ser dada
de alta, la adolescente no solo regresó a su casa con una placa de titanio en
su columna; sino que regresó con la certeza de que los milagros, a veces,
visten bata blanca y operan exitosamente en los hospitales de EsSalud.
COMPROMISO
CON LA VIDA
El gerente de
la Red Prestacional EsSalud Lambayeque, Abraham Burga Ghersi, manifestó que
esta hazaña no es solo un éxito estadístico para EsSalud Lambayeque, sino un
mensaje esperanzador para miles de asegurados.
“Este caso
demuestra que cuando el talento humano y la tecnología se unen, la medicina
peruana alcanza niveles de excelencia mundial”, puntualizó.


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