LA ONPE EN EL OJO DE LA TORMENTA: CRÓNICA DE UN FRAUDE ANUNCIADO

¿Solo fallas técnicas o un plan orquestado?

El Perú se desangra entre la inoperancia de la ONPE y la traición de una izquierda que solo usa a los más humildes.

¡Basta de burlas! El Perú no es pobre, lo que nos falta es vergüenza y dignidad para no dejar que los mismos de siempre nos sigan robando el futuro.

Millones de peruanos acudimos a las urnas con la esperanza de limpiar nuestra casa, pero nos devolvieron una fiesta electoral celebrada en el fango. La sombra de la corrupción volvió a empañar el proceso y la ONPE, una vez más, brilló por su inoperancia. No aceptamos que nos hablen de "fallas"; esa respuesta es una burla cínica. Lima, el motor electoral y el voto más informado, hoy lidera un sentimiento de indignación que no se puede, ni se debe, callar.

Semanas después de los comicios, el país sigue en vilo bajo una incertidumbre que no es un error técnico, sino un plan orquestado. El escándalo no es quién pase a la segunda vuelta —sea Keiko Fujimori, López Aliaga o Roberto Sánchez—; el verdadero crimen es la manipulación vergonzosa de la voluntad popular. Lo que enfrentamos es una estafa democrática que busca fracturar para siempre nuestra libertad.

Mientras la ONPE avanza a velocidad de tortuga coja, ignora que el Perú ya eligió: le tiró una patada al modelo totalitario de una izquierda que solo enriquece a sus cúpulas. Estos sectores, en un acto de cinismo puro, insisten en representar a millones; o no saben contar, o subestiman la inteligencia de un pueblo que ya les cerró la puerta. Forzar una representatividad que el voto les negó es el último recurso de los que se resisten a soltar el poder.

LA APOLOGÍA A LA IGNORANCIA: CUANDO EL ESTUDIO SE VUELVE "ESTORBO"

Hoy nos quieren vender como "discriminación" lo que es una legítima exigencia de competencia. Criticar la incapacidad de una vicepresidenta no es un ataque a sus raíces, es señalar su nula preparación en un mundo globalizado. El colmo llega con el senador más votado, hermano de un Pedro Castillo recordado por su ineptitud; que este personaje diga que los estudios son un "estorbo" es un crimen contra el conocimiento. En pleno siglo XXI, aplaudir la ignorancia es condenar al Perú al abismo.

Es doloroso ver cómo la izquierda de Sánchez vuelve a usar el voto del campo como un cheque en blanco. No es discriminación, es la verdad: se alimentan de hermanos peruanos a quienes el sistema les negó educación, vendiéndoles espejismos de "Mesías" para traficar con sus sueños. El problema no es el humilde que busca una salida; el problema es esa cúpula dirigente miserable que, con modales de delincuentes, se burla de la esperanza del Perú profundo mientras solo sus bolsillos progresan.

LA PREGUNTA QUE DUELE: ¿SOMOS UN PAÍS POBRE O UN PAÍS SIN VERGÜENZA?

Desde la distancia, tras vivir 37 años en Japón, veo con dolor una diferencia que nos condena. En Japón, cuando un político roba, pierde el honor, la reputación y su vida pública para siempre. En el Perú ocurre lo contrario: roba y vuelve a postular; miente y lo entrevistan como experto; traiciona y lo reciclan como "opción política".

Japón no es rico por casualidad. Tras la Segunda Guerra Mundial, estaba en ruinas, sin petróleo ni minas. Pero tenía algo que al Perú le falta: vergüenza social. Allá, un corrupto no sobrevive porque la sociedad lo desprecia. En el Perú, el corrupto tiene hinchada, abogados, trolls y, lo más triste, gente pobre que lo defiende bajo el lema del "robó pero hizo obra".

El Perú no es pobre; es uno de los países con más recursos del planeta. Lo que nos falta no es plata, es dignidad. Mientras la corrupción no dé vergüenza, sino que dé votos y poder, seguiremos robándonos el futuro a nosotros mismos. Un país empieza a cambiar el día que el corrupto ya no puede volver.

EL HEDOR DEL FRAUDE Y LA TRAICIÓN DE LAS HIENAS

A los peruanos de a pie solo nos queda ver cómo brotan las pruebas de un sistema podrido. Llamémoslo por su nombre: esto es un FRAUDE. Un fraude a los sueños de millones y a las ganas de romper con la corrupción. Estamos ante la izquierda más asquerosa, con las manos más sucias que nunca; la farsa del costeño disfrazado de serrano con un sombrero que apesta a engaño mientras disfruta el privilegio de San Borja. Esa es la izquierda miserable: una hiena que se alimenta de la carroña y del sufrimiento de los peruanos. El Perú no olvida, y esta traición no quedará impune.

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