El ex superintendente
de Odebrecht en América Latina y Europa es un individuo que responde al nombre
de Jorge Barata; y que bajo su dirección suprema la corrupta firma
constructora, Odebrecht, operó, planeó y sobornó a casi todo el continente:
Ecuador, Colombia, Chile, México, Panamá, Venezuela y al propio Brasil. No
obstante, es conveniente preguntarnos: ¿desde qué lugar del mundo Odebrecht
operó como una firma del crimen organizado? Desde Lima, Perú, puesto que
Marcelo Odebrecht y Jorge Barata, dos enviciados empresarios, se reunían en la
indicada ciudad con los testaferros de los líderes mundiales (presidentes,
ministros y viceministros) para fracturarles la mano con cientos de millones,
con el objeto de ganar licitaciones para obras públicas multimillonarias:
Oderecht y Barata planificaban en Lima como actuar y ejecutar sus propósitos
macabros para todo el continente: y decidían como intervenir en las políticas
de más de 12 países; de acuerdo con la información oficial de la Policía
Federal y de la Justicia de Brasil. Además, es apropiado citar que estos
testimonios provienen del propio Marcelo Odebrecht, quien le ofreció
información clasificada al Departamento de Justicia de los Estados Unidos de
Norte América.
Odebrecht creó
una complicadísima red de empresas fantasmas, o firmas fachadas para lavar
dinero, asimismo, los depósitos en las cuentas bancarias de los sobornados
tenían que transitar por más de cuatro paraísos fiscales para que llegue al
beneficiario final. Esa oficina donde se resolvía a quien romperle la mano
utilizaba dos programas informáticos de contabilidad y registro de los
corruptos: MyWebDay y Drousys. Es más, hasta habían creado una división de
“Operaciones Estructuradas” en Lima, que era la suerte de una oficina oficial
de la corrupción. Esta información lo descubrieron en junio de 2016 la Policía
Federal y los magistrados de Brasil, y fue verificada y aceptada por el propio
Marcelo Odebrecht, quien confesó la existencia de la “División de Operaciones
Estructuradas” (Departamento de Sobornos) al momento de firmar los documentos
del acuerdo para acogerse al programa de “delación premiada” en Brasil, y a la
“colaboración” con la justicia de los EE.UU., con el fin de reducir los años de
prisión que pesan contra él. Esta información corrobora que una de las primeras
y más importantes oficinas con su respectiva “División de Operaciones
Estructuradas” estuvo en Lima, Perú; aunque valgan verdades, esta compañía ya
había empezando en los últimos años (2014 hasta el 2016) a habilitar más
divisiones de esa índole en sus sedes de otros países de la región; también
tuvo una oficina importante en Miami, EE.UU.
Es hora de que
usted se pregunte: ¿Por qué esta empresa (Odebrecht) eligió a Lima, Perú como
su base medular para que desde aquí se proyecten y programen nuevos
sobornos?
La pregunta es
muy ingenua, pero la respuesta es muy asequible: en Perú todo se vende y todo
se compra y es aquí donde tengo que citar una canción noventera:
“un terrorista, dos terroristas, un
guerrillero emerretista, un traficante en el Huallaga, el búfalo aprista,
Agustín Mantilla, Alan García y su compañía, Villanueva del campo, me da tanto
asco, Como chirino soto con su cara de poto, como cinco policías en la esquina
de Larco, vendiéndole grifas a los más zampados, y con tal corrupción hay en
todos lados, Y por cinco lucas me compro un disputado, un juez, un fiscal, Un
par de abogados, Un arquitecto y un sub prefecto, Un novelista un par de
periodistas, un arzobispo, un cardenal, una virgen q’ llora y una virgen de
verdad, y quizás va Fujimori”.
Es una
vergüenza que ningún “comunicador”, “periodista” o algún “tradicional medio de
comunicación” se haya atrevido (teniendo todas las evidencias) a calificar a la
clase política de Perú, y específicamente a la de Lima como la más corrupta del
continente: porque, señores, valgan verdades, los políticos peruanos en los
últimos 30 años se han convertido en los más pútrido de la región, y deshonran
a la gloriosa historia de una bendecida nación llamada: Perú.
Es cierto: el
título de poseer a la clase política más infecta de todo el continente lacera y
golpea duramente nuestra imagen como nación, pero “al pan pan y al vino vino”:
a las cosas y la coyuntura hay que llamarlas por su nombre, sin necesidad de
estar buscando ornamentos ni aderezos para que los epítetos suenen un poco
menos afrentosos. Solo los que poseen los dos dedos de frente bien puesto, los
que aún guardan dosis de cordura, congruencia y sentido común estarán de acuerdo
que es valioso, trascendental y conveniente que, ahora mismo, todos los
peruanos, y específicamente los limeños admitan que viven en una sociedad que
ya se acostumbró a lo putrefacto, podrido, descompuesto, prostituido y
degenerado. Sí, es hora de que lo admitan públicamente y que reconozcan que si
la clase política y empresarial de la República ha operado de esta manera tan
envilecida, como en el caso Odebrecht, Camargo Correa, y posiblemente Graña y
Montero y JJ Calmet Ingenieros, ha sido también nuestra gran responsabilidad,
puesto que hemos dado las riendas de nuestro país a estos gobiernos. Por eso,
el escándalo ‘Lava Jato’ nos tiene que ofrecer un justo escarmiento,
amonestación y consejo, y teniendo nítida y esclarecida nuestra realidad, pues
la tarea será rehabilitar, reformar, recuperar las bases y los núcleos
políticos de los movimientos democráticos del Perú. Y empezar, desde un nuevo
capítulo, a reescribir nuestra historia, y especialmente a limpiarle el rostro
de/a nuestro país, ya que ahora mismo está siendo visto como un país bananero,
precisamente, por culpa de los tradicionales políticos que siempre han tenido
la consigna de: “En Perú todo se vende y todo se compra”.
Por amor a
nuestros colores patrios y a esta bendecida geografía, que no tiene nada que
ver con la sociedad que le ha tocado tener: es hora de la reingeniería y
reestructuración integral.


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