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| Foto: Internet/Medios |
En siete
capítulos describe la vida y el pensamiento de similar número de personalidades
que han influido en su manera de interpretar el mundo.
Va desde el
escocés Adam Smith, autor de La riqueza de las naciones, o el español José
Ortega y Gasset, hasta el austriaco Karl Popper o el politólogo Isaiah Berlin.
Este
lanzamiento ha originado que se vuelva a debatir sobre las ideas que defiende
el autor de La tía Julia y el escribidor.
Santoral
propio
Vargas Llosa
ha señalado varias veces que, desde su óptica, el liberalismo no es una
ideología. Son muchos los que han mostrado su reparo a ello. Uno de ellos es
Rubén Quiroz, filósofo y catedrático de la Universidad de San Marcos.
“El
liberalismo es una evidente ideología. Vargas Llosa quiere verlo en un estatus
epistémico superior. Como si el liberalismo fuera la verdad absoluta. Eso ya de
por si es autoritario. La base teórica del Nobel es errada”, explica a la
agencia de noticias Andina.
Por otra
parte, destacó la selección hecha por Vargas Llosa de los autores de los que
habla en su libro.
“Son
brillantes pensadores de la ideología liberal. Es su propio santoral. Cada uno
es devoto de su fe. Karl Popper es un activista feroz contra los autoritarismos
de izquierda. Como militante de ese liberalismo lúcido, considero que ha
colaborado en mostrar las entrañas del monstruo”, manifestó.
Incoherencias
Una visión
más crítica de la prédica de Vargas Llosa la tiene Silvio Rendón, autor de La
intervención de los Estados Unidos en el Perú y administrador del blog
Grancomboclub. Por ejemplo, no está de acuerdo con la forma en que define al
liberalismo.
“La idea que
el liberalismo no es una ideología o un cuerpo doctrinal es repetida una y otra
vez por los llamados liberales en sus escuelas de cuadros. Dicen que es un
sentir, un amor a la libertad que no puede ser encasillado en una doctrina.
Pero lo que ocurre es que entre los llamados liberales hay muchas diferencias y
lo que intentan es vender una unidad dentro de ellas para abarcar más y
oponerse a las ideas socialistas, o paradójicamente llamadas liberales en
Estados Unidos”, refirió Rendón.
Hizo notar
que las diferencias entre liberales pueden ser tales, por lo que el propio
Vargas Llosa “no se puede ver” con otro destacado exponente de esta doctrina en
el país: Hernando de Soto.
Rendón,
economista de profesión, admitió que Vargas Llosa es informado en economía,
“pero definitivamente no es su especialidad”. Su principal reparo hacia la
forma que el Nobel analiza la situación del país es, en su opinión, la falta de
coherencia.
“Tiene una
bronca con un gran sector de la derecha peruana, la cual no tiene con la
derecha de otros países”, aseveró. Asimismo, indicó que Vargas Llosa es, dentro
del llamado liberalismo, muy conservador, con gestos progresistas reservados
para el Perú.
Amor a la
libertad
Otra mirada
hacia las ideas de Mario Vargas Llosa lo proporciona la escritora peruana
Claudia Salazar, actualmente residente en Nueva York.
Ella
confiesa sentir empatía con postulados del novelista arequipeño como la
libertad irrestricta para la creación artística, la raigambre democrática de la
doctrina liberal y el rechazo de Vargas Llosa a los nacionalismos.
“Como lo
dejó plasmado en su libro autobiográfico El pez en el agua, el corte
mercantilista del capitalismo peruano ha permitido a determinados grupos
utilizar al Estado como una fuente de ingresos, sin tomar en consideración el
bienestar del resto de la ciudadanía. El fortalecimiento de la democracia pasa
por una reforma del Estado que permita librarlo de la corrupción”, añadió.
La
intelectual consideró que Vargas Llosa siempre ha sido muy claro sobre su
formación liberal, surgida a partir del caso de Heberto
Padilla.
Recordó que en El llamado de la tribu el escritor arequipeño aseguró que para
la generación de él, “y no solo en América Latina, lo ocurrido en Cuba fue
decisivo, un antes y un después ideológico”.
La
narradora, ganadora del premio Las Américas por su novela La sangre de la
aurora, también tuvo palabras sobre la ausencia de mujeres entre los personajes
abordados por el Nobel en su última obra.
“Ya que
no menciona ninguna escritora dentro de su genealogía intelectual, le
propondría a Vargas Llosa que se acerque al pensamiento feminista y
explore a las autoras Teresa de Lauretis, Judith Butler, Gloria Anzaldúa, que
proponen otras tribus y quizá así inicie su tercer viraje intelectual hacia el
feminismo”, comentó Salazar.
Por otra
parte, consideró también “problemático” la admiración que le profesa a la ex
primera ministra británica Margaret Thatcher.
Rescate de
Berlin
Sebastián
Pimentel, profesor de filosofía de la Pontificia Universidad Católica, también
observó estos halagos de Vargas Llosa en La llamada de la tribu.
“Lo más
ingenuo del libro, a mi gusto, es su alabanza a Margaret Thatcher y a Ronald
Reagan, que son de una idealización rayana con una fantasía romántica. Se
obvian todas las actitudes autoritarias de esos personajes, además del desastre
económico y social que, a la larga, significó el gobierno de Reagan”, enfatizó.
No obstante,
Pimentel manifestó que el mejor capítulo, desde su opinión, de la última obra
de Vargas Llosa, es el dedicado a Isaiah Berlin.
“Es el más
sentido de todos los retratos, el que logra perfilar mejor al personaje, al ser
humano y en el que también se siente más admiración”, comentó.

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