“La única persecución que se
logra ver en el horizonte es la judicial, la misma que tiene en el banquillo a
Humala, Heredia, PPK, Fujimori, Toledo, Villarán, Moreno y varios otros
políticos y ex autoridades”.
(Peru21) Si García realmente se consideraba un perseguido político, no hubiese decidido regresar de su exilio voluntario para responder preguntas ante la Fiscalía la semana pasada. Tampoco hubiera declarado a la prensa que no tenía problemas con el impedimento de salida del país y que, por lo tanto, se allanaba a este. Lo único creíble es que ni a él ni a nadie de su entorno se le ocurrió que un fiscal se atrevería a ir tan lejos y que el escenario le sería tan adverso. Algo más debe haber pasado el sábado (además del impedimento de salida) que precipitó la decisión de llamar a Tabaré Vázquez e ingresar a la residencia de su embajador. No sabemos mucho más, pero lo que queda claro es que lo que ocurrió no fue la tan mencionada persecución política, algo que el Apra histórico tan bien conoce.
La única persecución que se
logra ver en el horizonte es la judicial, la misma que tiene en el banquillo a
Humala, Heredia, PPK, Fujimori, Toledo, Villarán, Moreno y varios otros
políticos y ex autoridades de menor rango, la mayoría con impedimento de salida
del país, bienes embargados y procesos públicamente encaminados. Hasta Vizcarra está investigado por Chinchero. Difícil hablar de
persecución política cuando se está investigando a todos por igual sin importar
su camiseta política.
La tragedia de este escenario
nacional adopta un tono cómico cuando se pretende acusar al comunismo de estar
detrás de todo esto, como si Vizcarra
fuese Stalin; el fiscal JDP, general
del Ejército Rojo; y el juez Concepción, un comisario de la justicia soviética.
Ni mencionar la comparación de este episodio con el de Haya de la Torre más de
medio siglo atrás. Desde esta columna siempre voy a defender el debido proceso
y la presunción de inocencia, pero también el respeto por la historia.

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