Sin temor. El obispo de Huancayo cree en una Iglesia "comprometida con la vida, las personas y el entorno natural". Su presencia y voz le dieron aires de esperanza a la Iglesia católica en el Perú en este intenso 2018.
(LaRepública) Afable, sencillo y directo. Así
es monseñor Pedro
Barreto, obispo de Huancayo y
desde junio último cardenal de la Iglesia por la anuencia del papa Francisco.
"Estos seis meses se han pasado
rapidísimo", nos dice desde la casa de los jesuitas, en Miraflores,
donde se hospeda. Estuvo en Lima para asistir a una reunión de obispos, y con
las mismas retornó a su región.
Se siente agradecido con Dios y el Sumo Pontífice por la
confianza que ha depositado en él, y por haber escogido a la
Arquidiócesis de Huancayo,
donde tiene casi 15 años, como sede del cardenalato, uno de los dos que por
primera vez tiene el Perú.
Insiste en que su designación fue "algo
inesperado, y sobre todo inmerecido". Refiere que hay otras personas
que tienen más méritos para ejercer ese cargo, que nunca fue su meta. "Todo es gracia de Dios, que me pide
un mayor servicio", subraya.
Monseñor Barreto es conocido por su
permanente defensa del medio ambiente y la Amazonía, "del cuidado de la casa común",
como lo llama el papa Francisco.
"Los últimos, como
consideraban a los indígenas amazónicos, ahora serán los primeros, como ha
dicho el Papa en su encíclica", recalca Barreto,
quien forma parte del consejo que prepara el Sínodo Amazónico, que se llevará a
cabo el próximo año.
A sus 74 años, indica que continuará con esa tarea, porque la
realidad no ha cambiado mucho. "Por
ejemplo, la consulta previa a la exploración o explotación minera no se cumple.
Tenemos un trabajo por delante muy grande y creo que hay mucha esperanza porque
lo ambiental está unido a la justicia y a una sociedad con principios y valores
irrenunciables, como poner en primer lugar a la persona humana. No hay que
invertir esos valores", apunta.
Se siente reconfortado porque no está solo en esa misión, pues
otros obispos de las zonas amazónicos comparten la misma visión. "Mucho tenemos que aprender de
nuestros hermanos indígenas amazónicos", refiere, como su amor
al territorio, su protección al agua, su diversidad cultural.
El bien de todos
El cardenal no se calla nada.
Desde que se supo que ejercería este rango, los periodistas no han dejado de
buscarlo y aprovechar hasta las misas que celebra para preguntar su opinión en
temas políticos.
"He escuchado incluso de
mis familiares que no debo meterme en política. Les explico que política es
buscar el bien común de todos, no de un grupo. Un sacerdote no puede ser miembro de un partido ni
pronunciarse por un candidato, pero sí tenemos la obligación moral de impulsar
lo que ayude a todos, como el caso del referéndum", señala.
Por eso habla fuerte contra la corrupción, venga de donde venga.
Ha cuestionado a los congresistas que están de espaldas al pueblo, a los jueces
y fiscales de los CNM
audios, a los expresidentes que quieren huir de la justicia. "Nosotros, como Iglesia, y yo
personalmente, no tenemos ninguna otra motivación que mirar a Jesús y hacer lo
que él haría ahora en el Perú. No podría quedarse callado ante los
problemas de las comunidades nativas como el derrame de petróleo, o cuando
viene un extranjero y le dice que tres metros más abajo no es suyo. Es una
Iglesia comprometida con la vida, las personas y el entorno natural",
sostiene.
El 12 de febrero del próximo
año cumplirá 75 años y le tocará presentar su carta de renuncia como obispo. Lo
que pase después, lo aceptará como todo lo que le ha tocado, con humildad y fe.

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