ANGASMARCA: "EL PUEBLO DE LAS ÁGUILAS"

La colonial iglesia de Angasmarca, una joya arquitectónica religiosa que no deja de sorprenderme cada vez que la visito en los Andes liberteños, sea por su belleza barroca como por la posibilidad de perderla si no hacemos los esfuerzos necesarios para su conservación.

ANGASMARCA, HISTORIA y TURISMO

Siempre me interesó llegar a la lejana, andina y antigua hacienda de Angasmarca, ubicada al sur de la provincia de Santiago de Chuco. Ubicada al pie de su cerro tutelar que tiene varios nombres, Peña Mirador o Cerro Pirámide, conocido también como el Cerro de las siete caras.

Famosa por la productividad de sus tierras y por su estratégica ubicación como antesala del Callejón de Huaylas, es también célebre por su iglesia ricamente artesonada en yeso y por su antigua casa- hacienda donde se respiraba historia. En ella se le brindó hospedaje a Simón Bolívar y a su ejército libertador. Allí curaron sus heridas las tropas peruanas que sobrevivieron al holocausto de Huamachuco al mando del Brujo de los Andes, don Andrés Avelino Cáceres. También en esa casa, alguna vez, descansó el sabio Antonio Raimondi luego de su viaje desde el Callejón de Conchucos en Ancash.

El destino quiso que en 1982 llegase yo por primera vez a ese bello paraje andino. Recuerdo que aquella mañana pude admirar el hermosísimo techo de la iglesia, su retablo mayor, sus capillas laterales, todas de estilo barroco. En el interior de la iglesia de existe un escrito que da información sobre su restauración llevada a cabo por sus dueños los señores de Porturas y Corral, a mediados del siglo XIX, dic, “"La reedificación de esta iglesia fue comenzada por don Carlos Antonio Guianni, natural de Italia, el 15 de enero de 1852 y concluida por Manuel Carbajal y Juan Calipuy Burgos, naturales de esta Hacienda el 30 de marzo de 1857".

Lamentablemente, nunca más se le podrá llamar “La Capilla Sixtina de la costa peruana”, pues dos años después un ataque terrorista al puesto de la policía originó que la onda expansiva de los dinamitazos provocase la caída del artesonado del techo, quedando hoy sólo las paredes ricamente decoradas en yeso.

Aquella vez, con reverencia, transité por la antigua casa-hacienda conociendo sus patios, corredores y las habitaciones que antaño cobijaron a los ilustres personajes que he recordado. Al centro del patio una pileta de piedra recibía las sombras de añejos pinos. Aún recuerdo al pequeño venado que pastaba en los jardines del “Portal de Belén”, que es una estructura de barro y yeso representando el nacimiento de Jesús y que está ubicada al frente de la Plaza Mayor.

Algo que me impactó muchísimo fue verificar el asesinato alevoso y cobarde del guardia civil de apellido Goñi, cuya sangre aún no se había borrado del suelo encementado del antiguo puesto policial angasmarquino.

Por último, antes de emprender el regreso de tan hermoso y aleccionador viaje, ingresé a una sencilla bodega a comprar provisiones y encontré un grupo de pobladores del lugar que estaban reunidos para redactar un memorial solicitando la elevación del caserío a la categoría de distrito, gestión que lograron años después, gracias a Dios y a su constante tesón.

Después de mi primera experiencia he regresado varias veces a Angasmarca. Ya no queda nada de la antigua casa hacienda y de la iglesia sólo las paredes ricamente artesonadas. Fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación mediante RDN. N° 086-INC-2000. Actualmente está en la lista de los cien monumentos en Alto Riesgo según la UNESCO.

Sepamos que en las alturas liberteñas hay un lugar donde se respira historia y se puede practicar turismo del bueno; se llama: Angasmarca.



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