El líder de APP marca distancia con sus congresistas
disueltos, para no empañar su campaña presidencial al 2021. El 2020 será un
ensayo del aparato apepista.
(ElComercio) Con plata como cancha, tautologías (pronunciadas por él o inventadas
a sus expensas por el humor popular), y una dosis de realismo, César Acuña Peralta
volverá a intentarlo.
La plata ya la tenía en el 2016. También la tuvo en el 2011
cuando se sumó al ‘sancochado’ de PPK y en el 2006 cuando lanzó a Natale
Amprimo, y se colocó detrás de él, púdico, como candidato a primer
vicepresidente. La tuvo, realmente como cancha, para manejar a la vez la
alcaldía de Trujillo y la Universidad César Vallejo (UCV) mientras consolidaba
a nivel nacional su partido Alianza Para el Progreso (APP). Ese proceso fue tan
complejo y exitoso que el politólogo Rodrigo Barrenechea dedicó el libro “Becas,
bases, y votos” (IEP, 2014) a analizar cómo el proselitismo apepista focalizado
en líderes sindicales y locales, recurría al ofrecimiento de becas en la UCV.
Le faltó, pues, al Acuña del 2016 que cometió el sinsentido
de negar las pruebas contundentes de plagio y de negar ser el falso coautor de
un libro del educador Otoniel Alvarado; la dosis de realismo de la que quiere
hacer gala hoy. Le falto la sangre fría que no tuvo en el 2016 para renunciar
antes de que lo excluyan; pero ha logrado –la plata es indispensable- un equipo
que se la dé en transfusión y le evite el riesgo de actuar cual José Luna, que
cree que el Perú no hubiera cambiado en 3 años y la Telesup es inmortal.
Miren a Acuña apareciendo en público, a pesar de su pánico
escénico, para agarrar al toro por las astas ante la nube de micrófonos y decir
que no es aprista ni fujimorista, o sea, que no es un loser disuelto por
Vizcarra. De paso, ajustó las clavijas a los militantes que votaron naranja.
Días después, ha vuelto a aparecer para decir que apuesta por los jóvenes
apepistas.
Su realismo es tosco y torpe, eso sí. Tiene la voluntad pero
le falta pulir sus manifestaciones. Expulsó a Marisol Espinoza sin oír sus
descargos y sin reparar en que su hijo Richard Acuña y los otros congresistas
apepistas votaron como ella. De ese modo, confirmó que no era doña democracia
interna sino el patrón don César quien mandaba en APP. Un par de comunicados
posteriores trataron de corregir la metida de pata y dieron tiempo a Richard
para comunicar que había pedido licencia al partido y a Luis Iberico para
notificar su renuncia a la secretaría general. A ambos, el patrón les aceptó el
gesto.
Con Espinoza hay otra consideración de realismo puro y duro.
Lo menciono porque el fiscal de Chiclayo, Juan Carrasco, lo ha señalado
públicamente. Resulta que un colaborador eficaz del caso Los Wachiturros de
Tumán declaró que Marisol y Javier Velásquez Quesquén habrían recibido dinero
de la organización de Edwin Oviedo. Ella no es miembro de la Comisión
Permanente, de modo que perderá la inmunidad ante cualquier requerimiento
investigativo del fiscal.
Acuña quiso marcar nítidamente la diferencia con los otros
partidos/bancadas que, ciegos en la defensa de su alicaído fuero, desafiaron el
profundo odio popular al Congreso. APP tuvo los mejores resultados en las
últimas elecciones locales (258 alcaldes y 4 gobernadores) y ahí está su
capital político descentralizado. Para mantenerlo es preciso alejarlo del
hemiciclo devaluado y reducido a comisión permanente, al que se aferra el ala
dura del fujimorismo. Acuña es distinto de los Fujimori y ahora tiene que
convencernos que es distinto del Acuña del 2016.
-REDES, BROMAS Y VOTOS-
De hecho, APP participará en las apuradas elecciones que se
nos vienen y ello es parte del camino de Acuña al 2021. La campaña no va a
parecerse a la del 2016 cuando todo intentaba resolverlo con plata y con la
principal fuente de su plata, la UCV. El país ha cambiado y ya no permitiría
que se use un spot tan conchudo (y eficaz), como el de ‘somos una raza distinta’
para un propósito personalista ajeno a la educación.
Por otro lado, en el referéndum se aprobó una reforma que
entrará en vigencia en la campaña que se nos viene: la prohibición de
contratación de publicidad en TV y radio. Todo lo que se vea en la pantalla
serán entrevistas y franja gratuita. La campaña será más rápida, barata y, eso
sí, recurrirá a las redes más que en el pasado. En ellas, Acuña piensa invertir
como cancha y tengo entendido que en la UCV ha habido una preparación para
ello. ¿O acaso se la creyeron que la universidad dejará de aportar de alguna
forma a su campaña?
Ya que seguimos manoseando a la Vallejo, sí pues, es cierto
que Acuña entendió que la única forma para hacer sobrevivir a su universidad
era desligarse de ella. Al menos lo hizo en el papel, extirpando su nombre del
directorio. No era desprendimiento, era la única forma de salvar a su criatura
de sí mismo: si proseguía la abierta instrumentalización política de la
universidad, era casi seguro que esta no obtenía el licenciamiento de la
Sunedu.
¿Podrá Acuña dejar de ser Acuña? Es una pregunta tautológica
como esos asertos suyos –“una persona es feliz cuando logra su felicidad”, “con
este frío, ni calor se siente”- que sus marketeros estarán estudiando para
convertirlos de asunto de mofa en virtud popular. De meme a lema y hasta a
programa de gobierno. Verán la forma de que el humor popular le haga una
campaña gratuita. Si no puedes con el bullying, únete a él.
Pero, en serio, ¿podrá Acuña dejar de usar la UCV para
promoverse?, ¿podrá dejar de hacer clientelismo y empezar a hacer política pura
de alianza, plan y argumento? Miren a su bancada de originales 9. Ha tenido, en
términos porcentuales, más escándalos y fugas que los 73 de Fuerza Popular: 2
condenados perdieron hasta la inmunidad (Benicio Ríos y Edwin Donayre), un
ultraconservador renunció (Julio Rosas) y Richard, según varias denuncias
periodísticas, se enredó en complicadas negociaciones con Fuerza Popular que
tenía la mayoría de votos en la Comisión de Ética y en la Sub Comisión de
Acusaciones Constitucionales donde tenía unos enojosos pendientes.
Marisol Espinoza, pues ya sabemos que se fue para siempre;
César Villanueva fue tan ajeno a APP en su paso por Palacio como en su actual
licenciamiento mientras atiende la denuncia de haber recibido plata de la Caja
2, con codinome (CV) y todo; Gloria Montenegro, aunque mantiene una buena
relación con el líder, siempre apuntó al gobierno y allí está, prendida de la
cartera del MIMP. César Vásquez, paisano de su querida Tacabamba, fue su
congresista más leal e incondicional. Pero no el de mayor predicamento. Ese es
Luis Iberico, ex presidente del Congreso y secretario general del partido, que
renunció como parte del efecto dominó de la disolución y de la expectoración de
Espinoza. Lo que no quita que Iberico vuelva más tarde.
No estamos en hora de bancadas sino de partidos y de
candidatos. El que pestañea y se duerme en el 2019 puede perder en el 20 y en
el 21. Y Acuña, que se estaba durmiendo entre una tautología y otra, ha
agarrado una pequeña viada discursiva –en comparación a su inopia de pasadas
temporadas– que ningún partidario querrá echársela a perder.

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