“El único beneficiado con la ruptura constitucional es el
mandatario, que cuenta con un poder absoluto y sin fiscalización”.
(ElComercio) Han pasado dos semanas desde que, a través de las páginas de
este Diario, el ingeniero Martín Vizcarra admitiera que no tenía la
menor idea de lo que haría durante los cuatro meses que gobernaría con la
holgura y libertad de no tener un “Congreso obstruccionista”.
“¿Tiene algunas ideas puntuales sobre qué cosas le gustaría
hacer?”, le preguntaba la entonces editora adjunta de Política Mariale Campos a
Vizcarra Cornejo.
“Si bien no hay la obligación de una presentación del primer
ministro en el Congreso para dar su plan de trabajo, igual, yo le he pedido que
prepare, y seguro en dos o tres semanas va a haber un planteamiento de en qué
se va a fortalecer el accionar del Ejecutivo para tener mejores resultados en
beneficio de la población”.
Ya pasaron dos
semanas de esta respuesta en la que queda claro que tenemos un Ejecutivo sin
rumbo ni prioridades.
Campos le repregunta a Vizcarra: “O sea, no hay un tema
puntual que estaba siendo bloqueado por el Congreso y que ahora ya pueden
sacar, sino que van a elaborar un plan”. Ante esto, la evasiva del exgobernador
moqueguano fue aún más evidente: “Es en general el entrampamiento. Es en
general en todas las acciones, pero yo le aseguro que vamos a hacer un programa
de acciones”.
Tras este trabalenguas donde quedó al descubierto, Vizcarra
volvió a hacer lo único que sabe hacer –o lo que mejor le sale–: confrontar, y
es así cómo llamó “usurpador” a Pedro Olaechea quien en su calidad de
presidente del Congreso solicitó al Tribunal Constitucional se pronuncie sobre
la disolución del Parlamento basada en una “denegación fáctica” de confianza
que no está contemplada en la Constitución.
Pero esta vez no hubo coro alguno que apoyara tan
desafortunada declaración, porque Olaechea Álvarez Calderón está en todo su
derecho de solicitar al TC una definición, en tanto considera que la
institución que preside ha sido cerrada inconstitucionalmente.
Hoy se cumplen 21 días del cierre del Parlamento, y el país
es el mismo. La corrupción no ha cesado, los asaltos y crímenes siguen
ocurriendo a diario, la política no es mejor y las acciones –o inacciones– de
Martín Vizcarra nos confirman que nunca tuvo razones de fondo para el 30 de
setiembre.
El único beneficiado con la ruptura constitucional es el
mandatario, que cuenta con un poder absoluto y sin fiscalización, que ha visto
incrementar su popularidad y que no tiene ningún tipo de vigilancia “fáctica”.
Sin embargo, debería empezar a preocuparse porque más
temprano que tarde una población insatisfecha empezará a pedirle cuentas. Ya no
tiene un Parlamento a quien pechar ni una Comisión de Constitución a la que
acusar de todos los males del país.
No todo se arregla con la billetera, señor Vizcarra, un
decreto que dispone de más de mil millones de soles para los sectores sociales
y productivos no es la solución a los problemas de fondo, inaugurar un centro
de salud mental en una universidad, tampoco.
Seguimos esperando que en algún momento se anime a gobernar.

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