¿Es la grasa el gran mal de nuestra época, responsable de seducirnos con su
deliciosa suculencia hacia una prematura y ancha tumba?
O, ¿será que es tan malentendida como lo es sabrosa y merecedora de ser
reincorporada otra vez en nuestro menú con entusiasmo?
A medida que la campaña contra el
consumo del azúcar ha tomado mayor fuerza en el último par de años, cada vez
hay más voces pidiendo la redención de la grasa.
Durante décadas ha sido tildada de enemiga número uno y el rótulo de
alimentos "sin grasa" se usa para convencernos de que lo que estamos
comprando es saludable.
El problema es que "sin grasa"
puede referirse tanto a las verduras como a una inteligente manera publicitaria
que en realidad significa "le sacamos toda la grasa
y la reemplazamos con un motón de azúcar".
Así que, me encontraba en el supermercado frente a un bote de yogurt bajo
en grasa, en una mano, y uno de grasa entera, en la otra, preguntándome cuál
sería mejor para mí.
Si tuviera una tercera mano estaría rascándome la cabeza. Y no soy el
único.
"Cuando uno está
frente a un gran muro de yogurt, hasta yo me paralizo", dijo Susan Jebb,
una profesora de nutrición de la Universidad de Oxford.
Cuando
se elimina la grasa de los productos, especialmente los secos como pasteles y
galletas, algo la tiene que reemplazar.
"Suele
ser el azúcar, las calorías en las galletas corrientes e integrales de la misma
marca son casi las mismas", afirmó la profesora Jebb.
"Muchos yogurts están repletos de azúcar,
eso es lo que me molesta del yogurt".
Hay
una simple explicación: muchas marcas son tanto bajas en grasa como en azúcar,
pero yo necesito añadirle un poco de fruta para que sea apetitoso.
Pero,
¿qué pasa con el argumento de que deberíamos consumir más grasa?
Algunos
arguyen que el mensaje de eliminar de los alimentos procesados todas las grasas
cuando se habla de las malas grasas saturadas estuvo demasiado simplificado.
Otros
sostienen que el inclinarse por los carbohidratos en nuestra dieta,
particularmente los simples como el pan y la pasta, está causando estragos en
nuestras hormonas y aumentando el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, además
de hacernos amontonar kilos.
¿El placer de la grasa?
Todos necesitamos grasa en
nuestra dieta. Contiene ácidos grasos esenciales y es importante para la
absorción de vitaminas solubles en grasa como la A, D y E.
El
interrogante siempre ha sido: "¿Cuánta grasa deberíamos comer?"
Mientras que el mantra ha sido "bajo en grasa y alto en
carbohidratos".
La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que entre 30% y 35% de nuestras calorías deben
venir de grasa, afirmando que "no hay evidencia probable
ni convincente" que la cantidad total de grasa en nuestra dieta influya en
el riesgo de contraer cáncer o enfermedades cardiovasculares.
De manera que, cuando se trata de la cantidad total de grasa (y hay todo un
debate con respecto a lo que son los diferentes tipos de grasa) lo realmente
importante es cómo afecta a nuestras cinturas.
La grasa ciertamente está cargada de calorías.
Un gramo de grasa son unas nueve calorías, el doble que los carbohidratos y
las proteínas, que tienen cuatro calorías por gramo.
Un exceso de grasa, como el exceso de cualquier cosa, te hará aumentar de
peso, y es increíblemente fácil comer más de lo debido en alimentos ricos en
calorías.
Así que la grasa
es un objetivo sencillo para la gente que está tratando de reducir de peso.
"Hay buena evidencia de que si reduces el total de grasa hay una
pequeña reducción de peso, pero no es mucha", explica la doctora Lee
Hooper, de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido.
Ella realizó una amplia revisión de 32 ensayos clínicos con un total de
54.000 personas.
Mostró que las personas que reemplazaban entre el 5% y el 10% de sus
calorías provenientes de grasa redujeron unos 2 kilos durante las pruebas.
Sin embargo, ella no está convencida de que el pérdida de peso se deba
realmente a la grasa sino más bien el resultado de que la gente es más
consciente de lo que debe comer y evita cosas como hamburguesas y otras comidas
procesadas.
"Sospecho que harían
exactamente lo mismo si el objetivo fuera el azúcar", concluyó Hooper.
Pero,
¿cómo se comparan las dietas cuando el objetivo son los carbohidratos?
Médicos
de la Escuela de Salud Pública de Harvard, en Estados Unidos, estudiaron 53
ensayos clínicos de reducción de peso que involucraron a 68.128 personas.
Los
resultados, publicados en la revista médica Lancet, mostraron que tanto el
método bajo en carbohidratos como el bajo en grasa conducían a pérdidas de peso
respetables.
Pero los
que estaban consumiendo relativamente más grasa, perdieron un poco más de peso.
"Si
estás tratando de reducir tus calorías y eliminas la grasa, entonces deberías
tener mejores resultados, pero esa estrategia claramente no funciona así",
me comentó la doctora Deidre Tobias, conductora del estudio.
"La
grasa ha sido vilificada porque hay una mentalidad que 'la grasa te engorda'.
Creo que nuestra evidencia desmiente esa teoría".
La
doctora no está diciendo que los carbohidratos sean los villanos, sino que la
mejor dieta es una que puedas seguir. Algunas personas encontrarían fácil
eliminar el pan blanco y la pasta mientras que para otras sería imposible.
Pero advirtió que concentrarse únicamente en evitar la grasa nos estaría
alejando de alimentos beneficiosos como nueces, pescado graso y aceite de
oliva.
También nos podría convencer de que una magdalena baja en grasa es
saludable.
Reducir los carbohidratos en lugar de las grasas también ha demostrado
tener algunos beneficios para los pacientes con diabetes tipo 2, por lo menos a
corto plazo.
Cuando los carbohidratos refinados son
digeridos, producen una rápida elevación de los niveles de azúcar en la sangre
que, a su vez, aumenta la producción de la hormona insulina.
Las personas con diabetes tipo 2 tienen dificultad para controlar sus
niveles de azúcar, así que evitar la rápida elevación podría, en teoría,
ayudar.
Sin embargo, los estudios muestran que la ventaja de eliminar los carbohidratos
no se sostiene en el largo plazo.
¿Reconsideración?
En Reino Unido, el total de grasa que se consume sigue en
términos generales las recomendaciones, pero con un poco más de grasa saturada
de los que se aconseja.
La doctora Hooper concluye: "Yo diría que no
necesitamos reducir la grasa pero sí debemos pensar en el tipo de grasa".
Está claro que nunca será recomendable saciarse de crema de
leche o acabar con una bandeja de tortas y galletas.
Una ensalada flotando en aceite de oliva también podría
conducir a un aumento de peso.
Excederse en la grasa, como con el azúcar y los
carbohidratos refinados, es malo. Lo que pasa es que el azúcar está acaparando
los titulares del momento.
"La realidad es que la nutrición va y viene en modas,
hemos pasado por la moda de la grasa y ahora definitivamente estamos
desenfrenados por el azúcar", dice la profesora Jebb.
Ella dice preocuparse "enormemente"cuando la gente
reduce los problemas de salud de una nación a "un asunto de grasa o un
asunto de azúcar".
Fuente: BBC





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