(Expreso) Resulta
inaudito que, conociendo nuestra historia de desastres naturales, y advertidos
por los más sofisticados sistemas de control climático del mundo, los peruanos
más vulnerables volvamos a vivir esta desgracia como si fuese nuestra primera
vez.
Si bien
aprendimos algo entre la crisis del fenómeno El Niño que destruyó e incomunicó
el norte del país hace dos años, y la que viene ocurriendo esta semana en el
centro y sur del país, resulta inaudito que las lecciones aprendidas se limiten
a movilizar la más Alta Dirección del Gobierno a los lugares del desastre, para
que dirijan en persona las acciones que mitiguen la emergencia. ¿Quién piensa, mientras tanto, su
reconstrucción? ¿Debemos esperar, una vez más, que los expertos finalicen el
reporte estadístico de muertos, heridos y damnificados, carreteras y puentes
destruidos, colegios y centros de salud inmovilizados, entre otras cifras de lo
sucedido?
Vivimos
un eterno “déjà vu” que cada cierto
tiempo nos permite constatar que la eficiencia de nuestros gestores públicos se
mide por la cantidad de autopsias que se tienen tras el desastre. No puede ser
que no podamos prevenirlos. Conocemos perfectamente las limitaciones de nuestra
infraestructura urbana. ¿De qué
sirvieron esos 6,000 millones de soles transferidos a las regiones desde el
Gobierno Central apenas se inició la actual gestión gubernamental? ¿Quién
supervisa esa inversión? ¿Tiene sentido que hoy culpemos a los alcaldes y
gobernadores que se fueron en diciembre?… ¡No nos subestimen!
El
presidente Vizcarra tiene hoy una gran oportunidad. Demostrar cómo afrontar la
prevención de desastres en adelante, sin cometer los errores del pasado. Es un
secreto a voces el rotundo fracaso de la Autoridad para la Reconstrucción con
Cambios. A dos años no ha logrado invertir ni siquiera el 50 % de lo
planificado. ¿Qué esperamos para hacer
cambios? ¿Acaso nadie se atreve a decirle a nuestras autoridades que este
organismo detiene la inversión de los sectores? ¿Acaso nadie les explica que el
objetivo es desburocratizar el Estado? No complicarlo más.
Si
continuamos tolerando las viejas prácticas de funcionarios oligofrénicos que
viven para perseguir los desastres, cual cazadores de tornados, seguiremos
repitiendo esta desgracia una y otra vez. Lo que necesitamos son tecnócratas
que los prevengan, hartos de seguir contando muertos y heridos. Necesitamos la
misma firmeza que tiene el Gobierno cuando de combatir la corrupción se trata.
Un poco de sangre en la cara no les vendría mal a los burócratas insensibles
que los últimos dos años no hicieron nada. ¡Basta
ya!

Publicar un comentario