"Como siempre ocurre en estos casos, el gobierno se lava
las manos y se escuda en la supuesta independencia de poderes para decir que no
tiene nada que ver".
(ElComercio) Hace seis semanas en esta columna, “Vizcarra y
sus aliados tienen que buscar algún golpe político mediático que permita
revertir la caída de la aprobación presidencial –dando por descontado que su
mediocre gestión no va a mejorar–. Tendrían que conseguir, por ejemplo, la prisión preventiva –con fundamento o sin él– de una figura muy
representativa como Alan García. De otra manera, el descenso continuará y las
posibilidades de perpetuación en el Como advertí hace segobierno se alejarán”
(2.3.19). No fue el personaje señalado sino otro ex presidente, pero el
pronóstico parece haberse comprobado.
Para redondear la faena, el presidente Martín Vizcarra pronunció
un mensaje a la nación al día siguiente de la detención de Pedro
Pablo Kuczynski (PPK) centrado, como es
habitual, en la lucha anticorrupción.
La detención preliminar de PPK no
tiene mucho fundamento, dado que es muy improbable que trate de fugarse o tenga
el poder y los instrumentos para borrar pruebas en el Caso Westfield. Ya estaba
con impedimento de salida, con sus cuentas congeladas y otras limitaciones.
Tampoco
tiene asidero el que lo acusen de pertenecer a una organización criminal,
figura delictiva que está siendo usada arbitrariamente para meter presos a
muchos. Como para configurar esa supuesta organización se necesitan por lo menos
tres personas, el fiscal ha involucrado abusivamente a su secretaria particular
y a su chofer.
Por
supuesto, hay motivos para que sea investigado por su participación en el caso
de la Interoceánica, obra que fue aprobada dolosamente en el gobierno de Alejandro
Toledo en el tiempo en el que ocupó el Ministerio de Economía y la Presidencia
del Consejo de Ministros, mientras su empresa y la de su socio hacían negocios
con Odebrecht. Pero otra cosa es meter preso al investigado antes de acumular
más evidencias, sobre todo tratándose de una persona de más de 80 años. Aún si
fueran ciertos los rumores de que hay nuevos testimonios que involucran a PPK,
eso robustecería la acusación –que todavía no se ha formulado– pero no
justificaría su encarcelamiento.
Como siempre
ocurre en estos casos, el gobierno se lava las manos y se escuda en la supuesta
independencia de poderes para decir que no tiene nada que ver. En realidad, el
presidente Martín Vizcarra ha tenido una injerencia manifiesta
y notoria en el Ministerio Público desde el principio, defendiendo a José
Domingo Pérez y la facción a la que pertenece en la fiscalía, y atacando a sus
rivales. El 1 de enero regresó corriendo de Brasil, sin participar en la
ceremonia de asunción al mando del nuevo presidente, para embestir al entonces
fiscal de la Nación Pedro Chávarry –presentó un proyecto de ley para
destituirlo– y defender a Pérez y su grupo. Se salió con la suya y encumbró a
la cuestionada Zoraida Ávalos, que le debe el puesto.
No es
inverosímil la posibilidad de que Pérez haya actuado no solo con el
consentimiento, sino instigado por el gobierno.
Por
eso, la hipótesis descrita al principio parece tener sustento ahora. La lucha
anticorrupción, la única bandera del presidente Martín Vizcarra, el
tema que le permitió subir abruptamente en las encuestas entre agosto y
diciembre del año pasado, ya estaba desgastado. Primero, porque aparecieron
varios asuntos que relacionaban al propio presidente con hechos oscuros que
echaban sombras sobre su supuesta impoluta honestidad.
Segundo,
porque los grandes resultados que prometieron el gobierno y los fiscales
vinculados a él, luego de suscrito el controvertido acuerdo con Odebrecht, no
eran tales. Por ejemplo, el 83% considera que hay pocos o ningún avance de los
fiscales en el Caso Lava Jato, según la última encuesta de Ipsos publicada
en El Comercio.
Tercero,
porque varios ministros y funcionarios han sido objeto de imputaciones en el
último tiempo sin que el presidente reaccione y, si bien las denuncias no son
concluyentes, ensombrecen la imagen de un gobierno limpio y puro, libre de
cualquier mancha, que persigue implacablemente a los corruptos reales o
imaginarios.
Todo
eso ha mellado el único tema que le permitió a Vizcarraaplastar a
sus adversarios y fortalecerse políticamente con el respaldo de la opinión
pública. En la base de todo está, por supuesto, una gestión peor que mediocre,
que lo arrastra hacia la impopularidad, que ellos suponen puede ser revertida
por hechos impactantes como la prisión de PPK y
los ataques al Congreso, a falta de acciones efectivas para mejorar la vida de
los ciudadanos.
No
obstante, en esta ocasión, la maniobra podría no resultar tan lucrativa.
Otrosí
digo. Esta columna dejará de publicarse algunas semanas por vacaciones del
autor-

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