PERÚ ENTRE LOS PAÍSES MÁS CORRUPTOS DEL MUNDO


* En estos días la prestigiosa revista The Economist ha informado que Perú ha subido 20 puestos en la escala de las naciones más corrompidas del planeta, situándose ahora como las peores del orbe.

* “A esta injuria los fiscales Vela y Pérez, incluso ministros, jueces, legisladores, ministros y políticos peruanos, en general, procuran seguir echándole tierra como si nada hubiera ocurrido.

* ¡Y desgraciadamente la gran mayoría de peruanos tampoco se indigna ante semejante muestra de corrupción en la patria!

La corrupción nunca ha estado ausente en los vaivenes en el Perú. Es más. A partir de los años cincuenta del siglo pasado, empezó a instalarse entre nuestra sociedad un impulso por desarrollar el Perú progreso que no dejaría de estar relacionado a determinado grado de corrupción, sin que esto constituye la excepción a una regla más o menos uniforme de carácter mundial. El problema se vuelve grave cuando, a partir del Tercer Milenio, Alejandro Toledo se presenta como un humilde poblador andino que, gracias a su esfuerzo y sacrificio (al igual que el impulso que obtuvo de la ayuda norteamericana a través del cuerpo de Paz) pudo escalar espacios y conseguir educarse en buenas universidades norteamericanas. A consecuencia de esto, años después el factor suerte se sumaría a sus avatares, permitiéndole capitalizar la mayoría de votos para ser electo presidente de la República, y cerrar el círculo virtuoso del éxito por medio personal. ¡No obstante, detrás de tamaña historia hay mucho pan que rebanar! Toledo seguía siendo un ser humano nacido en un país sudamericano con los vicios propios de una cultura desconocedora de todo lo que prima en la civilización de muchos siglos. Vale decir, una sólida formación cultural y fundamentos basados en la ética y el respeto a las personas, además de desarrollarse adelantándose a los tienpos; aunque respetando los códigos de ética y las reglas de juego.

Toledo instauro entonces una corriente innovadora, haciendo que el Perú ingrese a una nueva etapa de desarrollo ligada, primordialmente, a la ejecución de grandes obras de infraestructura productiva. Por ejemplo, introducir el cambio de la matriz energética-incorporando el gas natural-o revolucionando los arenales de nuestra costa, integrándose al cultivo de productos masivos de inmensa demanda en el exterior, dinamizando así las exportaciones y, consecuentemente, multiplicando el ingreso de divisas para el país. Sin embargo, semejante metamorfosis tuvo un precio colosal, miles de millones de dólares en sobrecostos, destinados a pagar cupos de corrupción, que acabaron en manos del presidente Toledo (quien se estima recibió, mínimo US$35’000,000), el ultimo pinchi ministerial.                                                                 Sucedería igual con sus pares con sus pares presidenciales Humala, Kuczynski, Vizcarra, etc., inclusive el ágrafo comunista, ladrón de gallinas Castillo; o la arpía socialista Villarán, etc.

Resultado: estos días, la prestigiosa revista The Economist ha informado que el Perú ha subido 20 puestos en la escala de las naciones más corrompidas del planeta, situándose hoy entre las percibidas como las peores de todo el orbe, semejante baldon al nombre Perú ofende a toda una nación humillada frente al mundo por autoridades miserables y empresarios particulares como Graña Miro Quezada-que traicionaron a su patria para enriquecerse robándole a los peruanos pobres y ricos, ensuciando a la vez el nombre de nuestro país. A esta injuria los fiscales Vela y Pérez, incluso jueces, legisladores, ministros y políticos peruanos, en general, procuran seguir echándole tierra como si nada hubiera ocurrido.

¡Y desgraciadamente la gran mayoría de peruanos tampoco se indigna ante semejante muestra de corrupción en la patria!

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