A lo largo de mis años siempre he escuchado frases como “no te dediques a la política”, “la política no da plata”, “solo los terroristas hacen política”, entre otras cosas, que por cierto me parecen frases muy injustas. Injustas porque creo que los peruanos no merecemos estar en la situación en la que nos encontramos, gobernados por un ejecutivo que negocia bajo la mesa y por un legislativo que trata de atropellar e impedir el desarrollo del país.
La cereza que coronó el pastel fue la noticia
en donde el ex presidente Pedro Castillo Terrones ordenaba el cierre del
Congreso en los que se evidencia presunta corrupción
Todos los peruanos creíamos que desde el año 2000, la democracia se fortalecería,
que – tal vez- íbamos a tener mejores gobiernos de los que habíamos tenido
hasta el siglo pasado, que iban a gobernarnos ciudadanos con real vocación de
servicio a la patria; sin embargo, fue un engaño que vivimos durante 18 años.
No es posible que, nuestro primer presidente elegido democráticamente Alejandro
Toledo (después de la dictadura vivida en los años 90) se encuentre con una
orden de prisión preventiva; Ollanta Humala se encuentre inmerso en un proceso
por presunta corrupción, y finalmente nuestros es presidentes de la República,
se encuentran con serios cuestionamientos por relaciones con la empresa
Odebrecht. No contento con eso, realiza negociaciones bajo la mesa para
indultar al exmandatario Fujimori, así como votos para que algunos parlamentarios
voten en contra de su vacancia.
Creo firmemente que el problema no es el sistema (como tal vez muchos dicen); sino, las personas que integran nuestras instituciones, los ciudadanos que se encuentran en el legislativo, en el ejecutivo y en demás organismos públicos.
La participación en política, hoy en día, considero que es un deber ciudadano, ya sea desde partidos políticos o desde organizaciones civiles. No podemos ser ajenos, como jóvenes, a la realidad por la que estamos viviendo en el país, darle la espalda a un gobierno y a un congreso que no están trabajando para el Perú, sino para intereses personales, sería un grave error. Necesitamos de jóvenes que tengan vocación de servir y no de servirse de la política. Muchos, tal vez, se desanimen por considerar que la política es sucia y que ya es irreversible la situación en la que el país se encuentra; sin embargo, a todos ellos quisiera decirles que, si se apartan de la política jóvenes capaces y honestos, dejaremos el rumbo del país en manos de los mismos políticos de siempre o de gente incapaz y deshonesta.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), hacia el 2017, los jóvenes en el país representaban el 27% de la sociedad peruana, somos 8 millones 441 mil ciudadanos jóvenes, que no es que sea “importante” que participemos en política, que planteemos soluciones para los problemas que acontecen a nuestra sociedad, sino que es necesario hacerlo.
Como diría el filósofo británico Edmundo Burke: “Lo único necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada”. Es por ello que a través de este artículo hago un llamado a todos los jóvenes del país a que podamos trabajar por el Perú, dejando las diferencias ideológicas de lado, para forjar una sólida democracia logrando reducir y/o erradicar ese mal que tanto nos aqueja: la corrupción.


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